Una mañana plena de lunes le da la bienvenida a los porteños y a los viajantes. Una mezcla de calor con viento que causa diarrea si saliste desayunado, hacen aùn màs fàcil el comienzo de las actividades diarias, como las de los macumberos, seres deplorables y con olor a pollo que sin importarles el sentido comùn, cortan una gallina en pedazos y la guardan dentro de una caja de cartòn para que el afortunado y prontamente infeliz dueño de la esquina donde yace el bàrtulo se cague limpiando con vinagre toda la vereda con temor a morir de una maldiciòn budista.
Pocos dìas atràs descubrì el modo de lograr un viaje mejor predispuesta. Descubrì la forma de sonreir mientras camino por la calle cuando aùn es de noche para meterme en el subte e ir a trabajar. Este modo es el MP3. Gracias a este aparatejo que compila decenas de temas musicales suficientes para cambiarle el humor a Ghandi, cabe hasta entre medio de las tetas y en el tracto rectal si alguien intenta asaltarme.
Meses atràs la prioridad en mi vida era el discman, ¡Què gran aparato!, cuànta eficiencia. Las pilas, con una duraciòn no mayor a 3 horas y media, avisaban el momento previo a la caducaciòn alargando las voces de los CDs, hacièndolos sonar desde el màs allà en el momento clave en que uno piensa: "¿Es el disco o soy yo?". Y ahì està el pobre forro intentando dejar de escuchar el mismo CD 4 veces en la misma mañana. Tiene la mochila llena de cajitas de compactos e intenta de manera parabòlica, cambiar de parado el disco de adentro del discman, ponerlo en la cajita correcta sin rayarlo y sin tirarlo, (es original, viò?) y sin que el catinga que tengo parado al lado vea dònde lo estoy metiendo para màs tarde intentar robàrmelo.
El del MP3 sin embargo, se pasea casi con un aire altanero que hace sufrir a mucha gente, no solo a los portadores de CDs sino tambièn a otra generaciòn creada por Sprite, AIWA, vendedores de trenes y el barrio de Once: La Generaciòn Walkman.
Lo interesante de los portadores activos de esta reliquia, es el momento en que buscan una frecuencia perfecta mediante la ubicaciòn estratègica de su dedo ìndice en el orto y la antena apuntando a algùn lugar especial, sea el cielo o las bolas sudadas de un viejo llamado Osmar. El furor de estos aparatejos fue cuando Sprite alaborò una colecciòn cuyo lema era: "Es chiquito, pero vale 2 tapitas... què màs querìas hijo de una cabra?", la respuesta al lema simplemente serìa: Queremos que funcione màs de una tarde. Error. Jamàs sucederìa, ni por los siglos de los siglos, ni Amèn.
Entre las 3 generaciones podemos marcar un dato no menor, un hecho que puede llevar a la tragedia al humor mañanero. El Walkman lleva cassete, por ende, queda excluìdo de la comparaciòn, pero el Discman es el eje central. Cuando uno tiene el reproductor de CDs preparado para un viaje tiene dos opciones: llevarlo cual bandeja sobre la mano, como un anzuelo para ser arrebatado y su propietario terminar ahorcado o sin orejas, o, meterlo en la mochila sobre alguna campera o buzo, de manera que no se mueva ni suspire, que quede trancado para evitar finalmente que el disco rebote. Molestia molesta si las hay cuando el disco rebota, salta, se mueve, titila y no solo enerva las vajinas sino que implica una indignaciòn que matarìa cucarachas sin veneno.
Por eso y solo por eso, yo elijo el MP3, mi tecnologìa de confianza. Usted, ¿què va a elegir?
lunes, marzo 19, 2007
jueves, marzo 15, 2007
"Mañanitas porteñas"
Dìas de lluvia, de nuevos momentos, de momentos cursi, de nuevos horizonetes, de campos y ciudades, de llantos vespertinos, de bolas infladas, de cansancio, de aureolas de chivo abajo de los cachetes del culo y de sudor tetal.
Buenos Aires me mostrò otros vientos campestres. Quien sigue este espacio desde hace un tiempo, bien sabrà que mi cuna materna es quilmeña y que los viajes en el 22 del sur hacia la capital me afectaron psicològicamente al punto de babear cataratas de saliva calentita de madrugada y vomitar en mochilas ajenas sin siquiera pedir permiso. "No hay que cantar victoria", dijo el destino y acto seguido, el muy hijo de prostitutas del Mar Ìndigo me consiguiò un trabajo en Martìnez.
Interesante por demàs es el viaje al fin del mundo, màs interesante es que haya un Unicenter en medio de la zona desèrtica donde los patos sobrevuelan los aires y cagan charcos de mierda que todos ven como algo naturalmente eròtico.
Semanas de adaptaciòn y bùsqueda de alternativas de transporte. Pensè en aviones, en combis, en comprar un auto... o dos, en vivir en el tren, en acampar bajo la Panamericana viviendo de la penetraciòn anal de los transehùntes, pero no. Nada de eso solucionò mi problema: Siempre tardo 1 hora y 15 en llegar a casa, haga lo que haga.
Optè entonces por una combinaciòn de medios en la que tengo la sensaciòn de tardar menos: Camino 4 cuadras con un petardo entre las tetas hasta el subte Linea D de Facultad de Medicina, bajo en Congreso de Tucumàn y me tomo el 60, colectivo veloz cual oveja obesa adicta a Mc Donalds. Lo curioso es el nombre de la parada en la que me bajo, creo que su nombre me sirve de catarsis, creo que es un mensaje de Jebùs que me dice que tengo razòn, que sì, es lejos... es.... "El Fondo de la Legua". De solo tocar el timbre para bajar ya se te frunce el ojete y el Supradyn de vitaminas de colores que tomaste a la mañana para sentirte poderosa ya quiere salir, pero por la vìa incorrecta.
Hoy fue un dìa especial. Me levantè chivada, me bañè y una sensaciòn màs allà de los gases me invadìa. Lleguè al subte y habìa demora. Me sentè a esperar mientras un caballero de pelada brillosa se quejaba con el diariero por la cantidad de gente que habìa en el andèn, se ve que al señor no le gustaba que le tocaran el pitito muchas jòvenes universitarias. Llegò el subte. Una estaciòn, otra estaciòn.... Olleros.
Repentinamente la luz se cortò interrumpiendo mi lectura facultativa. El miedo invadiò al vagòn, las viejas lloraban y pedìan a Santo Zapallo Relleno que abriera las puertas. Una vieja de uñas de pies largas como las de los perros bebès, solo que en los perros se ve tierno y en la vieja plenamente vomitivo, sucio y puntapiè a sentir el impulso de arrrancàrselas con los dientes, de a poco, degustàndolas, ponièndolas entre los dientes para sacarme la basura de comida como un escarbadientes humano.
Al salir de Olleros caì en la cuenta de que el 60 no pasaba por ahì, que debìa caminar hasta Juramento y justo en ese instante... comenzò a llover, definitivamente un rinoceronte de 6 porongas grandes como el enano muerto que iba se Susana me estaba meando desde temprano.
Caminè y caminè, me subì al bendito 60 y una hija de puta se puso a leer mi propio libro y tenìa el tupè de preguntarme cosas que no podìa comprender, por imbècil o extranjera. Mi ùnica pregunta hacia ella era còmo hacìa para caber en el asiento del colectivo con el culo paranormal escondido en una pollera blanca que traslucìa hasta los rastritos de mierda de la bombacha de ayer.
Sin màs ni menos lleguè a Fondo de la Legua, bajè feliz y arrivè al trabajo para dar por concluìda la mañana de este puto jueves.
Que viva la vida.
Buenos Aires me mostrò otros vientos campestres. Quien sigue este espacio desde hace un tiempo, bien sabrà que mi cuna materna es quilmeña y que los viajes en el 22 del sur hacia la capital me afectaron psicològicamente al punto de babear cataratas de saliva calentita de madrugada y vomitar en mochilas ajenas sin siquiera pedir permiso. "No hay que cantar victoria", dijo el destino y acto seguido, el muy hijo de prostitutas del Mar Ìndigo me consiguiò un trabajo en Martìnez.
Interesante por demàs es el viaje al fin del mundo, màs interesante es que haya un Unicenter en medio de la zona desèrtica donde los patos sobrevuelan los aires y cagan charcos de mierda que todos ven como algo naturalmente eròtico.
Semanas de adaptaciòn y bùsqueda de alternativas de transporte. Pensè en aviones, en combis, en comprar un auto... o dos, en vivir en el tren, en acampar bajo la Panamericana viviendo de la penetraciòn anal de los transehùntes, pero no. Nada de eso solucionò mi problema: Siempre tardo 1 hora y 15 en llegar a casa, haga lo que haga.
Optè entonces por una combinaciòn de medios en la que tengo la sensaciòn de tardar menos: Camino 4 cuadras con un petardo entre las tetas hasta el subte Linea D de Facultad de Medicina, bajo en Congreso de Tucumàn y me tomo el 60, colectivo veloz cual oveja obesa adicta a Mc Donalds. Lo curioso es el nombre de la parada en la que me bajo, creo que su nombre me sirve de catarsis, creo que es un mensaje de Jebùs que me dice que tengo razòn, que sì, es lejos... es.... "El Fondo de la Legua". De solo tocar el timbre para bajar ya se te frunce el ojete y el Supradyn de vitaminas de colores que tomaste a la mañana para sentirte poderosa ya quiere salir, pero por la vìa incorrecta.
Hoy fue un dìa especial. Me levantè chivada, me bañè y una sensaciòn màs allà de los gases me invadìa. Lleguè al subte y habìa demora. Me sentè a esperar mientras un caballero de pelada brillosa se quejaba con el diariero por la cantidad de gente que habìa en el andèn, se ve que al señor no le gustaba que le tocaran el pitito muchas jòvenes universitarias. Llegò el subte. Una estaciòn, otra estaciòn.... Olleros.
Repentinamente la luz se cortò interrumpiendo mi lectura facultativa. El miedo invadiò al vagòn, las viejas lloraban y pedìan a Santo Zapallo Relleno que abriera las puertas. Una vieja de uñas de pies largas como las de los perros bebès, solo que en los perros se ve tierno y en la vieja plenamente vomitivo, sucio y puntapiè a sentir el impulso de arrrancàrselas con los dientes, de a poco, degustàndolas, ponièndolas entre los dientes para sacarme la basura de comida como un escarbadientes humano.
Al salir de Olleros caì en la cuenta de que el 60 no pasaba por ahì, que debìa caminar hasta Juramento y justo en ese instante... comenzò a llover, definitivamente un rinoceronte de 6 porongas grandes como el enano muerto que iba se Susana me estaba meando desde temprano.
Caminè y caminè, me subì al bendito 60 y una hija de puta se puso a leer mi propio libro y tenìa el tupè de preguntarme cosas que no podìa comprender, por imbècil o extranjera. Mi ùnica pregunta hacia ella era còmo hacìa para caber en el asiento del colectivo con el culo paranormal escondido en una pollera blanca que traslucìa hasta los rastritos de mierda de la bombacha de ayer.
Sin màs ni menos lleguè a Fondo de la Legua, bajè feliz y arrivè al trabajo para dar por concluìda la mañana de este puto jueves.
Que viva la vida.
jueves, marzo 08, 2007
POR ABAJO
Y por el mundo vamos las miles de millones de mujeres fértiles y frígidas, esperando que algún macho nos emperne o nos regale una delicada flor para recordarnos hoy más que nunca como nos encanta que nos sobornen.
Damos vuelta bajo la lluvia siempre teniendo en claro que, como dice Sedal, hay Divas por toda la ciudad con los pelos rojos furiosos y el frizz que nos deforma los rulos y el maquillaje y le da un toque a la ropa elegida de cada día, un toque de frescura, de cosa erótica, de laverrap de chinos famélicos.
Hace días, caminando por la ciudad encontré un subsuelo conector de líneas de subtes que se posa casi escondido sobre Carlos Pellegrini. Las ganas de un pronto regreso a casa me empujaron por las lúgubres escaleras y casi por error, caí en una galería comercial desconocida como la Matriz.
Decenas de puestitos de temáticas intrascendentes como un “arregladordejuguetesdelañodelpedo”, una dama que vende carteras plenamente desagradables, pero que pintan de olor a cuero una zona que de otro modo olería a pedo de vieja comedora compulsiva de porotos en aceite y ajo, y más adentrados en la jungla bizarra, un local especial…
Fondo de paredes azules como el mar de Santa Teresita, un banco que a primera vista me pareció muy alto para una persona de estatura promedio, pero lo deje pasar, no sea cosa que me deschave como petiza y encima quede como el culo. En fin, un banco muy alto, largo, con varios espacios para varios culos de varios paseantes y muchos elementos útiles para ejercer la profesión de “lustra zapatos, botas, porongas animadas de personajes ilustres de Bolivia”. Hasta aquí, solo era gente que lustraba, pero que aun no había visto en plena actividad, en su más bello trabajar, hasta que de pronto, una cortina celeste, a tono con el color de las paredes, se abrió de par en par y de ahí salieron no uno, no dos, sino tres enanos lustradores.
Cuando digo enanos no me refiero a bichos verdes que uno ve al final de su vida, ni hablo de los entes a los que se culpa por la pérdida o desaparición de objetos que alguien tiró y no tiene los huevos para confesarlo. Hablo de gente enana, personas con un tamaño mas bajo que el promedio (la palabra del mes: promedio) y que de una manera evidentemente premeditada llegan PARADOS a lustrar los pies calzados de los seres que necesitan una franeleada con un liquido marrón sin que se les pare el pitito.
El shock eléctrico en la cachufla fue impresionante. Lejos de calentarme, los enanos trabajando me devolvieron a mi infancia con Blanca nieves, la bruja y el leñador, que no se bien por que apareció en mi recuerdo, será alguna fantasía de hombre peludo, sudado y con madera que desde pequeña aun sigue colándoseme en el corpiño.
Pero esto es solo un condimento, lo importante de este día es que la mujer recibirá flores, o chocolates o cualquier cosa que le garantice sexo o tocadita de bolas a las parejas estables. Felicito a las damas en su día, aprovechen a indisponerse que si hoy manchan la sabana nadie va a gritarles, sino que usarán el flujo escupido como loción facial o salsa para ñoquis.
Cierro con una frase que adquirí de mis conocimientos en un nuevo emprendimiento laboral: “El hombre es malo, pero la mujer es perversa”.
Feliz día mujeres
Damos vuelta bajo la lluvia siempre teniendo en claro que, como dice Sedal, hay Divas por toda la ciudad con los pelos rojos furiosos y el frizz que nos deforma los rulos y el maquillaje y le da un toque a la ropa elegida de cada día, un toque de frescura, de cosa erótica, de laverrap de chinos famélicos.
Hace días, caminando por la ciudad encontré un subsuelo conector de líneas de subtes que se posa casi escondido sobre Carlos Pellegrini. Las ganas de un pronto regreso a casa me empujaron por las lúgubres escaleras y casi por error, caí en una galería comercial desconocida como la Matriz.
Decenas de puestitos de temáticas intrascendentes como un “arregladordejuguetesdelañodelpedo”, una dama que vende carteras plenamente desagradables, pero que pintan de olor a cuero una zona que de otro modo olería a pedo de vieja comedora compulsiva de porotos en aceite y ajo, y más adentrados en la jungla bizarra, un local especial…
Fondo de paredes azules como el mar de Santa Teresita, un banco que a primera vista me pareció muy alto para una persona de estatura promedio, pero lo deje pasar, no sea cosa que me deschave como petiza y encima quede como el culo. En fin, un banco muy alto, largo, con varios espacios para varios culos de varios paseantes y muchos elementos útiles para ejercer la profesión de “lustra zapatos, botas, porongas animadas de personajes ilustres de Bolivia”. Hasta aquí, solo era gente que lustraba, pero que aun no había visto en plena actividad, en su más bello trabajar, hasta que de pronto, una cortina celeste, a tono con el color de las paredes, se abrió de par en par y de ahí salieron no uno, no dos, sino tres enanos lustradores.
Cuando digo enanos no me refiero a bichos verdes que uno ve al final de su vida, ni hablo de los entes a los que se culpa por la pérdida o desaparición de objetos que alguien tiró y no tiene los huevos para confesarlo. Hablo de gente enana, personas con un tamaño mas bajo que el promedio (la palabra del mes: promedio) y que de una manera evidentemente premeditada llegan PARADOS a lustrar los pies calzados de los seres que necesitan una franeleada con un liquido marrón sin que se les pare el pitito.
El shock eléctrico en la cachufla fue impresionante. Lejos de calentarme, los enanos trabajando me devolvieron a mi infancia con Blanca nieves, la bruja y el leñador, que no se bien por que apareció en mi recuerdo, será alguna fantasía de hombre peludo, sudado y con madera que desde pequeña aun sigue colándoseme en el corpiño.
Pero esto es solo un condimento, lo importante de este día es que la mujer recibirá flores, o chocolates o cualquier cosa que le garantice sexo o tocadita de bolas a las parejas estables. Felicito a las damas en su día, aprovechen a indisponerse que si hoy manchan la sabana nadie va a gritarles, sino que usarán el flujo escupido como loción facial o salsa para ñoquis.
Cierro con una frase que adquirí de mis conocimientos en un nuevo emprendimiento laboral: “El hombre es malo, pero la mujer es perversa”.
Feliz día mujeres
jueves, marzo 01, 2007
Pamela y Yo
Era una mañana como todas en ciudad Gótica hasta que un sorpresivo anuncio me dejó con cara de muñeca infalable y el alma destruída…
- Mel, mirá que me voy a comprar la Playboy de Pamela David
- ¿Y desde cuándo te gusta Pamela David?
- Ay, Mel, tiene las mejores tetas de Argentina…
Ofensa 1: Una tiene más que claro el hecho de no tener las ubres suaves y sedosas como calendario de papel vegetal de esta mujer, pero un novio tiene el deber y la responsabilidad de no recordarle a su pareja estable con la que convive, las trágicas realidades y así debe ocultar esos detalles que solo entornan la puerta de un futuro conflicto.
Como cada tarde al volver de trabajar, aquél día de Marzo del 2006 me dirigí al inodoro para ir de cuerpo (realmente mi Tío Charly está interesado en recibir cualquier teoría sobre el significado de esta expresión usada para cagar) y, como todos los mortales, necesitaba algo para leer, como si de esto dependiera la mejor liberación de mi tracto rectal. Agarré una revista que estaba dada vuelta y… ahí estaba ella. Mirándome desde una cama con acolchado rosa, acostada con sus piernas hacia arriba para que todos puedan apreciar sus atributos (como si hasta hoy nadie los hubiera notado)… Pamela David. Nombre de travesti si los hay. Pamela David estaba en mi baño viéndome cagar.
- Lucas, vos compraste la Playboy de la puta esa? - (taquicardia y voz entrecortada por la ira retenida en un pezón)
- Te dije que la iba a comprar…
- (Inicio de la crisis de nervios) - NOoOoO! Habíamos quedado que no porque a mi me hace mal tener esa revista en el baño!!!
- Ay Mel, dejate de joder… No entiendo qué carajo de molesta
Paso a explicar. Agitar el mono, exprimir el capuchón, zarandear el pirulo son cosas que realmente no me afectan. Dicen que la masturbación libera el estrés, bienvenida sea entonces. Tampoco es que me encantaría ver a la población manoseándose la entrepierna en el 124, pero cada uno es libre de descargar cuando le sea necesario, me adhiero y hasta colaboro de ser posible, pero el problema se extiende más allá de esto. El problema es la nacionalidad. Si la mujer con la que MI hombre está estimulándose es de otro país y se encuentra a más de un país de distancia al momento de la toqueteada, me es realmente indiferente y hasta estimulante, pero si la dama en cuestión es de mi misma nacionalidad, habla igual a mí y puede ser mi competencia directa si un día la vemos por la calle, ya todo se va a la mierda, me indigno y me sale humo de la cachufla.
- ¿En serio por eso te molesta? ¿Querés que la tire?
- (Decir que sí seria TAN fácil) No, ya la compraste a la yegua esa, la odio, te juro que la odio.
- La tiro, total ya la ví
- O sea que ya te tocaste… NO ME HABLES MAAAAAAAAAS
La ola de silencio duró un día entero. La revista de Pamela aún me mira desde el baño junto a varias más, pero todas extranjeras.
- Mel, mirá que me voy a comprar la Playboy de Pamela David
- ¿Y desde cuándo te gusta Pamela David?
- Ay, Mel, tiene las mejores tetas de Argentina…
Ofensa 1: Una tiene más que claro el hecho de no tener las ubres suaves y sedosas como calendario de papel vegetal de esta mujer, pero un novio tiene el deber y la responsabilidad de no recordarle a su pareja estable con la que convive, las trágicas realidades y así debe ocultar esos detalles que solo entornan la puerta de un futuro conflicto.
Como cada tarde al volver de trabajar, aquél día de Marzo del 2006 me dirigí al inodoro para ir de cuerpo (realmente mi Tío Charly está interesado en recibir cualquier teoría sobre el significado de esta expresión usada para cagar) y, como todos los mortales, necesitaba algo para leer, como si de esto dependiera la mejor liberación de mi tracto rectal. Agarré una revista que estaba dada vuelta y… ahí estaba ella. Mirándome desde una cama con acolchado rosa, acostada con sus piernas hacia arriba para que todos puedan apreciar sus atributos (como si hasta hoy nadie los hubiera notado)… Pamela David. Nombre de travesti si los hay. Pamela David estaba en mi baño viéndome cagar.
- Lucas, vos compraste la Playboy de la puta esa? - (taquicardia y voz entrecortada por la ira retenida en un pezón)
- Te dije que la iba a comprar…
- (Inicio de la crisis de nervios) - NOoOoO! Habíamos quedado que no porque a mi me hace mal tener esa revista en el baño!!!
- Ay Mel, dejate de joder… No entiendo qué carajo de molesta
Paso a explicar. Agitar el mono, exprimir el capuchón, zarandear el pirulo son cosas que realmente no me afectan. Dicen que la masturbación libera el estrés, bienvenida sea entonces. Tampoco es que me encantaría ver a la población manoseándose la entrepierna en el 124, pero cada uno es libre de descargar cuando le sea necesario, me adhiero y hasta colaboro de ser posible, pero el problema se extiende más allá de esto. El problema es la nacionalidad. Si la mujer con la que MI hombre está estimulándose es de otro país y se encuentra a más de un país de distancia al momento de la toqueteada, me es realmente indiferente y hasta estimulante, pero si la dama en cuestión es de mi misma nacionalidad, habla igual a mí y puede ser mi competencia directa si un día la vemos por la calle, ya todo se va a la mierda, me indigno y me sale humo de la cachufla.
- ¿En serio por eso te molesta? ¿Querés que la tire?
- (Decir que sí seria TAN fácil) No, ya la compraste a la yegua esa, la odio, te juro que la odio.
- La tiro, total ya la ví
- O sea que ya te tocaste… NO ME HABLES MAAAAAAAAAS
La ola de silencio duró un día entero. La revista de Pamela aún me mira desde el baño junto a varias más, pero todas extranjeras.
martes, febrero 27, 2007
Del polvo al polvo
Y dale gas nomás. Nos despertamos meados por un elefante tecnicolor que vuela y vuela y camina con paraguas por la vereda mirando al piso y cagándose en los pobres forros que, desprevenidos, no tienen más que una carpeta o un esnorquel para enfrentar al temporal. Un placer esta Buenos Aires con lluvia, genera emociones tales como la intolerancia hacia la mierda mojada en la vereda, las ampollas vaginales y el dolor de articulaciones, sobre todo la que une el culo a la cama a las 8 y 22 cuando el celular comienza a gritar y “un nuevo día comienza”, feliz y rosado como el culo de un bebé de mierda que nada debe hacer de su vida más que tomar la teta de Pamela David, mujer que odio desde que encontré su Playboy en mi baño (hecho que creo ya haber mencionado, pero sigue enervándome como el primer momento del hallazgo).
Hace unos días el destino de un trabajo con ráfagas de emoción me llevó a bordear el Hipódromo. Los caballos, deshidratados o dormidos, escondidos en sus casillas, me miraban pasar chorreando transpiración y se sonreían sabiendo que pronto el sol haría en mis hombros estragos irremediables.
El polvo comenzó a aparecer a metros del Lawn Tennis. El cielo se veía empolvado, la gente estaba empolvada y los pisos, íntegramente constituídos de cenizas de fans de Independiente, absorbían el calor causando un “efecto desierto” en los espectadores que lejos de ver el tenis, se concentraban en los juegos de Prosegur que ofrecía un simulacro de una carrera de motos para ganarte un gorro de paja o una mini raqueta de plástico amarillo, excusa perfecta para mirarle de cerca las tetas a las promotoras gatunas.
Cuando finalmente comprendí que podía jugar a ser millonaria porque mi cinta lila que dejó una marca en mi muñeca luego de posar al sol del mediodía, tenía una inscripción que la separaba del resto: Mi cinta era VIP.
Entonces, entablé amistad con un guardia de seguridad que amablemente y sin intenciones sexuales ni violatorias me mostró las instalaciones y me guió al Palacio del Rey de Basto donde había comida gratis y decenas de heladeras con botellas de gaseosas, aguas con gustos contemporáneos como lima limón finamente gasificada, será que da menos pedos, vaya Jebús a saber… Intenté, claro, robarme botellas de gaseosas ya que el dinero no solo escasea sino que falta, pero me cacharon en el intento. Sin importarme, me senté a comer una ensalada de rúcula, salmón ahumado y pedazos de algo duro y crocante. Más tarde, descubrí un plato de sushi desnutrido que se servía en otro sector y pegadito a él, tres mesas. Una cubierta de panes de todos los estilos, formas fálicas y olores posibles; otra con numerosos platos de innovadores purés, si, purés, de color amarillo, blanco, naranja y hasta rojizo (todo es rojo, es la onda). Finalmente, la tercer mesa solamente tenía postres en vasitos, cosas elegantes que uno no come para no hacer el papelón chorreándose la remera de chocolate o golpeándose la nariz porque no le entra en el diminuto vasito de mierda. Dios, si me habré traumado en los cumpleaños de la infancia.
El rumor disparó que Chela estaba jugando a metros de mi ubicación, pero para qué cagarse de calor cuando se puede estar en una carpa blanca sin docentes llena de comida, bebidas y hasta teléfonos e Internet gratis.
Lugar exótico el Lawn Tennis Club. Es el criadero de unos bichitos similares a piojos, pero más transparentes que saltan y vuelan y te cagan la vida porque tenés que estar todo el tiempo con la boca cerrada escuchando sin sonreír los gemidos de la película homosexual que se desarrolla bajo un cielo rojo, ante cientos de ojos cubiertos por el sol, pero seguidores expertos de pelotas diminutas.
Memorias, recuerdos, paseos por Buenos Aires. “Estamos en el fondo del mar”, diría mi Tío Charly golpeándose la puntuda panza y dibujando puteadas en el medio de la mesa porque no puede descubrir el sentido de la frase “ir de cuerpo”. Sigue lloviendo. Un grandioso día en la ciudad. Ojalá me encuentre un mono y pueda llamarlo Gervasio.
Hace unos días el destino de un trabajo con ráfagas de emoción me llevó a bordear el Hipódromo. Los caballos, deshidratados o dormidos, escondidos en sus casillas, me miraban pasar chorreando transpiración y se sonreían sabiendo que pronto el sol haría en mis hombros estragos irremediables.
El polvo comenzó a aparecer a metros del Lawn Tennis. El cielo se veía empolvado, la gente estaba empolvada y los pisos, íntegramente constituídos de cenizas de fans de Independiente, absorbían el calor causando un “efecto desierto” en los espectadores que lejos de ver el tenis, se concentraban en los juegos de Prosegur que ofrecía un simulacro de una carrera de motos para ganarte un gorro de paja o una mini raqueta de plástico amarillo, excusa perfecta para mirarle de cerca las tetas a las promotoras gatunas.
Cuando finalmente comprendí que podía jugar a ser millonaria porque mi cinta lila que dejó una marca en mi muñeca luego de posar al sol del mediodía, tenía una inscripción que la separaba del resto: Mi cinta era VIP.
Entonces, entablé amistad con un guardia de seguridad que amablemente y sin intenciones sexuales ni violatorias me mostró las instalaciones y me guió al Palacio del Rey de Basto donde había comida gratis y decenas de heladeras con botellas de gaseosas, aguas con gustos contemporáneos como lima limón finamente gasificada, será que da menos pedos, vaya Jebús a saber… Intenté, claro, robarme botellas de gaseosas ya que el dinero no solo escasea sino que falta, pero me cacharon en el intento. Sin importarme, me senté a comer una ensalada de rúcula, salmón ahumado y pedazos de algo duro y crocante. Más tarde, descubrí un plato de sushi desnutrido que se servía en otro sector y pegadito a él, tres mesas. Una cubierta de panes de todos los estilos, formas fálicas y olores posibles; otra con numerosos platos de innovadores purés, si, purés, de color amarillo, blanco, naranja y hasta rojizo (todo es rojo, es la onda). Finalmente, la tercer mesa solamente tenía postres en vasitos, cosas elegantes que uno no come para no hacer el papelón chorreándose la remera de chocolate o golpeándose la nariz porque no le entra en el diminuto vasito de mierda. Dios, si me habré traumado en los cumpleaños de la infancia.
El rumor disparó que Chela estaba jugando a metros de mi ubicación, pero para qué cagarse de calor cuando se puede estar en una carpa blanca sin docentes llena de comida, bebidas y hasta teléfonos e Internet gratis.
Lugar exótico el Lawn Tennis Club. Es el criadero de unos bichitos similares a piojos, pero más transparentes que saltan y vuelan y te cagan la vida porque tenés que estar todo el tiempo con la boca cerrada escuchando sin sonreír los gemidos de la película homosexual que se desarrolla bajo un cielo rojo, ante cientos de ojos cubiertos por el sol, pero seguidores expertos de pelotas diminutas.
Memorias, recuerdos, paseos por Buenos Aires. “Estamos en el fondo del mar”, diría mi Tío Charly golpeándose la puntuda panza y dibujando puteadas en el medio de la mesa porque no puede descubrir el sentido de la frase “ir de cuerpo”. Sigue lloviendo. Un grandioso día en la ciudad. Ojalá me encuentre un mono y pueda llamarlo Gervasio.
miércoles, febrero 21, 2007
Regístrese Aquí
Tras haber ganado el único concurso de mi vida gracias a un diario digital, además de una bicicleta que me entregó el mismo Castrilli cuando yo aún era una infante y hasta me hizo dar una vuelta sobre el escenario para disimular un poco la boludez de todo el evento, procedí a anotarme en todos y cada concurso de la televisión, la gráfica y la Internet argentina de un modo casi frenético y compulsivo como el que poseen los adictos al Nesquick en polvo.
Paseando por el Buenos Aires digital me encontré con varios diarios con fotos de Jesica Cirio en culo, realmente es grandioso como mantiene esa forma circular sin mostrarse afectado ni por la gravedad, ni por los jeans y hasta apuesto dinero a que con joggin debe verse igual o mejor. Al margen del comentario lésbico, descubrí mi amor pasional por Jorge Rial y mi odio irrefenable por Reina Reech que simplemente me enerva la cabeza desde que empecé a confundirla con Cris Morena, figura detestablemente felíz.
Me dí cuenta con el paso de los minutos que si mis intereses de lectura iban más allá de la portada, debía crearme las los tan temidos Usuario y Contraseña para participar de un sorteo de entradas para ir a ver Rocky 6 que después de ver la mitad del musical Sweet Charity y darme cuenta de cuánto odio los musicales, es arte para todos los sentidos, hasta el anal (sentido poco desarrollado hasta hoy). Como un dúo para que la memoria se frustre, se achique o se torne previsible, estos miles de millones de dígitos que pensamos recordables hasta el momento de recordar cual usamos en esta pagina y cual en las 48 restantes, nos hacen indignar a veces a tal punto que preferimos volver a minijuegos.com y olvidar el mal rato jugando al tetris o al bubble. Gran juego, dicho sea de paso. Es increíble lo de buen humor que lo pone a uno reventar burbujas de colores con un arma que maneja un bicho horrible, pero sonriente, como Julian Weich.
Pasé entonces a usar mi estrategia, el plan que yo sola invente y el que creo es el modus operandi que llevará a los porteños a dejar de preocuparse por las claves: Usar siempre la misma, junto al mismo usuario, claro. Esto puede traer daños colaterales como que si alguien adivina tu clave de Gmail también lo hará de la tarjeta Banelco, el Club de Leonas en celo al que te uniste para salvar a los animales de la contaminación del café de filtro y del tan temido y lleno de secretos portal de correos: Hotmail.
Elegí mi usuario para La Nacion entonces, tal como cada vez y luego mi clave sin titubear, la tenía en la mente, como siempre, y en la billetera y en cada cuaderno nuevo que compro, por las dudas vió… Terminé de llenar mis datos personales en los que tan incisivos son en algunos aspectos como el laboral. Todo quieren saber, desde el cargo que tenés, al que aspirás, por qué te echaron, qué aprendiste en el camino y a cuántos les hiciste una chupada de lóbulo para ascender.
Una vez pasada esta etapa, viene la confirmación de clave y la pregunta secreta que no es más que otra cosa más que uno debe recordar. Primero hay que acordarse de qué pregunta elegiste, si la mascota de la infancia, el nombre de tu club, el de tu hijo o el color de la bombacha de la del cyber. Y después, según el ánimo que tengas, depende la respuesta. Hoy tu color favorito puede ser el caoba como ayer podría haberlo sido el marrón caqui que usan las chicas de los bancos. Tu mascota podría ser Picuca que murió tras comerse una goma de borrar o Sasha que era una perra grandiosamente hiperactiva y violenta, pero muy cariñosa, tanto que un día quiso sacarme una lagaña y me terminó desprendiendo la retina del ojo. Pero no, esta vez, La Nación me dio lugar al asombro. Decía: “Escoja una pregunta que lo haga recordar su clave al momento que se la olvide”. Grandioso.
Vale mencionar que esta mañana al llegar al trabajo y terminar de revisar primiciasya.com , intenté ingresar a La Nación para inscibirme en un concurso de los Oscars y nuevamente, había olvidado mi clave. Qué grande esta tarjeta…
Paseando por el Buenos Aires digital me encontré con varios diarios con fotos de Jesica Cirio en culo, realmente es grandioso como mantiene esa forma circular sin mostrarse afectado ni por la gravedad, ni por los jeans y hasta apuesto dinero a que con joggin debe verse igual o mejor. Al margen del comentario lésbico, descubrí mi amor pasional por Jorge Rial y mi odio irrefenable por Reina Reech que simplemente me enerva la cabeza desde que empecé a confundirla con Cris Morena, figura detestablemente felíz.
Me dí cuenta con el paso de los minutos que si mis intereses de lectura iban más allá de la portada, debía crearme las los tan temidos Usuario y Contraseña para participar de un sorteo de entradas para ir a ver Rocky 6 que después de ver la mitad del musical Sweet Charity y darme cuenta de cuánto odio los musicales, es arte para todos los sentidos, hasta el anal (sentido poco desarrollado hasta hoy). Como un dúo para que la memoria se frustre, se achique o se torne previsible, estos miles de millones de dígitos que pensamos recordables hasta el momento de recordar cual usamos en esta pagina y cual en las 48 restantes, nos hacen indignar a veces a tal punto que preferimos volver a minijuegos.com y olvidar el mal rato jugando al tetris o al bubble. Gran juego, dicho sea de paso. Es increíble lo de buen humor que lo pone a uno reventar burbujas de colores con un arma que maneja un bicho horrible, pero sonriente, como Julian Weich.
Pasé entonces a usar mi estrategia, el plan que yo sola invente y el que creo es el modus operandi que llevará a los porteños a dejar de preocuparse por las claves: Usar siempre la misma, junto al mismo usuario, claro. Esto puede traer daños colaterales como que si alguien adivina tu clave de Gmail también lo hará de la tarjeta Banelco, el Club de Leonas en celo al que te uniste para salvar a los animales de la contaminación del café de filtro y del tan temido y lleno de secretos portal de correos: Hotmail.
Elegí mi usuario para La Nacion entonces, tal como cada vez y luego mi clave sin titubear, la tenía en la mente, como siempre, y en la billetera y en cada cuaderno nuevo que compro, por las dudas vió… Terminé de llenar mis datos personales en los que tan incisivos son en algunos aspectos como el laboral. Todo quieren saber, desde el cargo que tenés, al que aspirás, por qué te echaron, qué aprendiste en el camino y a cuántos les hiciste una chupada de lóbulo para ascender.
Una vez pasada esta etapa, viene la confirmación de clave y la pregunta secreta que no es más que otra cosa más que uno debe recordar. Primero hay que acordarse de qué pregunta elegiste, si la mascota de la infancia, el nombre de tu club, el de tu hijo o el color de la bombacha de la del cyber. Y después, según el ánimo que tengas, depende la respuesta. Hoy tu color favorito puede ser el caoba como ayer podría haberlo sido el marrón caqui que usan las chicas de los bancos. Tu mascota podría ser Picuca que murió tras comerse una goma de borrar o Sasha que era una perra grandiosamente hiperactiva y violenta, pero muy cariñosa, tanto que un día quiso sacarme una lagaña y me terminó desprendiendo la retina del ojo. Pero no, esta vez, La Nación me dio lugar al asombro. Decía: “Escoja una pregunta que lo haga recordar su clave al momento que se la olvide”. Grandioso.
Vale mencionar que esta mañana al llegar al trabajo y terminar de revisar primiciasya.com , intenté ingresar a La Nación para inscibirme en un concurso de los Oscars y nuevamente, había olvidado mi clave. Qué grande esta tarjeta…
lunes, febrero 19, 2007
Viciosas y voladoras
Será por el reciente frío o por la intolerancia a los infantes que este verano estoy desarrollando, pero la sordera que esta mañana me atacó no deja que pueda escuchar ni siquiera el sonido de mis propios pedos caldosos luego de una cena gorda y sin postre.
Volvía yo de Quilmes en el auto con mi padre cuando avistamos palomas en la calle Belgrano. Eran decenas de ellas, todas blancas y negras, con esa característica que las hace únicas e inigualables: su maldito olor a una nada que molesta. El acto reflejo de estas gallinas defectuosas siempre es correrse y volar ante el movimiento de algo situado en su cercania, pero no. Este no era el caso de esta paloma. Ergida mirando al Fiat Uno como Santo Biasati indignado por la contaminación del Himalaya, el animal mordió su galletita que estaba en medio de la avenida y al ver que no podía llevarla consigo si decidía volar, se dispuso a morir allí mismo. La viciosa paloma mascó migas con la velocidad que aspira un ornitorrinco el orto de su mama jirafa y justo en el momento en que el animal con menos funciones útiles del zoológico iba a dejar de ser parte de la Plaza de Mayo, mi padre tuvo piedad.
La noche llegó al barrio de Once. Fuera de traer una paz interior, las noches del domingo tienen un efecto devastador, deprimente y hasta suicida, como hemos tratado previamente en este mismo espacio. Habiendo ya decidido qué comer, volvimos a la habitación solo para poner la mesa sobre una tabla en la cama y ahí estaban ellas. Eran dos. En otra etapa de mi vida hubiera huído a llamar a los Cazadores experimentados de esta especie, pero como esta vez estaba acompañada, preferí no temer aún cuando la palabra "cagazo" estaba cobrando en mi estómago su real significado. Lucas tomó su alpargata a cuadritos, yo una toalla amarilla y me dispuse con ventilador de pie en mano a espantarlas con una rafaga de viento. Esto solo logro que la polilla del demonio volara esta vez con mas determinacion que antes para meterseme en la abertura de mi vajina cubierta por una bombacha roja de alto contenido sexual. Escapé a los saltos sin lograr matarla. Mi caballero arrojó su alpargata para pegarle al ave del demonio, pero el mismo miedo impidió a sus funciones motoras desarrollarse con normalidad. Enfocados únicamente en una de las polillas, perdimos el rastro del otro animal constituído enteramente de pelusa radioactiva y se nos apareció atacando por la espalda para hacernos salir del cuarto y hasta reconsiderar la idea de dormir en otra habitación.
No, no pueden vencernos dos polillas. Tres quizas, cuatro... mas que seguro, pero dos no.
El raid estaba fuera de discusion. Mas alla de ser matacucarachas y alimenta polillas mutantes, nuestra comida ya estaba sobre la cama, no podiamos ponerla en riesgo. Entonces, finalmente y luego de varios intentos fallidos, nos arremetimos a los animales del Purgatorio como quien tiene un hambre voraz y no quiere que estas milimetricas mierdas arruinen el ultimo momento sin trabajo hasta dentro de 7 dias. Agarramos un escobillon pensando que la mataria... solo logramos romper el escobillon. Sin quererlo ni pensarlo las dos polillas ahora eran tres. Logramos auyentar a una al exterior, lo que hizo que nos encerraramos para matar a las restantes o alejarlas lo mas posible de nuestra ubicacion. Nos sentamos en la cama. Estaban escondidas. Comimos, pero la paz no lograba volver a la habitacion.
A mitad de la noche otra de las conchudas salio a la luz de la tele y se abrazo a mi botella de agua. La paralisis del miedo nos hizo gritar, correr y arremeter a palos a ese animal de mierda. Tal fue la desesperacion, que la ultima integrante del trio escapo como la primera para volver a encontrarme esta mañana en el baño, mirandome con sus ojos de nada, debilitada por el sol, esperando la muerte que finalmente llego con la suela de mi zapato. Polilla de mierda...
Moraleja: Todo lo que vuela te caga la vida.
Volvía yo de Quilmes en el auto con mi padre cuando avistamos palomas en la calle Belgrano. Eran decenas de ellas, todas blancas y negras, con esa característica que las hace únicas e inigualables: su maldito olor a una nada que molesta. El acto reflejo de estas gallinas defectuosas siempre es correrse y volar ante el movimiento de algo situado en su cercania, pero no. Este no era el caso de esta paloma. Ergida mirando al Fiat Uno como Santo Biasati indignado por la contaminación del Himalaya, el animal mordió su galletita que estaba en medio de la avenida y al ver que no podía llevarla consigo si decidía volar, se dispuso a morir allí mismo. La viciosa paloma mascó migas con la velocidad que aspira un ornitorrinco el orto de su mama jirafa y justo en el momento en que el animal con menos funciones útiles del zoológico iba a dejar de ser parte de la Plaza de Mayo, mi padre tuvo piedad.
La noche llegó al barrio de Once. Fuera de traer una paz interior, las noches del domingo tienen un efecto devastador, deprimente y hasta suicida, como hemos tratado previamente en este mismo espacio. Habiendo ya decidido qué comer, volvimos a la habitación solo para poner la mesa sobre una tabla en la cama y ahí estaban ellas. Eran dos. En otra etapa de mi vida hubiera huído a llamar a los Cazadores experimentados de esta especie, pero como esta vez estaba acompañada, preferí no temer aún cuando la palabra "cagazo" estaba cobrando en mi estómago su real significado. Lucas tomó su alpargata a cuadritos, yo una toalla amarilla y me dispuse con ventilador de pie en mano a espantarlas con una rafaga de viento. Esto solo logro que la polilla del demonio volara esta vez con mas determinacion que antes para meterseme en la abertura de mi vajina cubierta por una bombacha roja de alto contenido sexual. Escapé a los saltos sin lograr matarla. Mi caballero arrojó su alpargata para pegarle al ave del demonio, pero el mismo miedo impidió a sus funciones motoras desarrollarse con normalidad. Enfocados únicamente en una de las polillas, perdimos el rastro del otro animal constituído enteramente de pelusa radioactiva y se nos apareció atacando por la espalda para hacernos salir del cuarto y hasta reconsiderar la idea de dormir en otra habitación.
No, no pueden vencernos dos polillas. Tres quizas, cuatro... mas que seguro, pero dos no.
El raid estaba fuera de discusion. Mas alla de ser matacucarachas y alimenta polillas mutantes, nuestra comida ya estaba sobre la cama, no podiamos ponerla en riesgo. Entonces, finalmente y luego de varios intentos fallidos, nos arremetimos a los animales del Purgatorio como quien tiene un hambre voraz y no quiere que estas milimetricas mierdas arruinen el ultimo momento sin trabajo hasta dentro de 7 dias. Agarramos un escobillon pensando que la mataria... solo logramos romper el escobillon. Sin quererlo ni pensarlo las dos polillas ahora eran tres. Logramos auyentar a una al exterior, lo que hizo que nos encerraramos para matar a las restantes o alejarlas lo mas posible de nuestra ubicacion. Nos sentamos en la cama. Estaban escondidas. Comimos, pero la paz no lograba volver a la habitacion.
A mitad de la noche otra de las conchudas salio a la luz de la tele y se abrazo a mi botella de agua. La paralisis del miedo nos hizo gritar, correr y arremeter a palos a ese animal de mierda. Tal fue la desesperacion, que la ultima integrante del trio escapo como la primera para volver a encontrarme esta mañana en el baño, mirandome con sus ojos de nada, debilitada por el sol, esperando la muerte que finalmente llego con la suela de mi zapato. Polilla de mierda...
Moraleja: Todo lo que vuela te caga la vida.
miércoles, febrero 14, 2007
Valentín
Y vamos caminando por la ciudad pintada de corazones eróticos y peluches felizmente casados. Hoy las perdices se comen al escabeche más que nunca, los bombones calientes como diarrea después de comida china descansan en una mesa de luz de alguna novia sorprendida. Las flores, llenas de moños, firuletes y parásitos de la lechuga no dejan de venderse como garrapiñada calentita en el río de Quilmes.
Es San Valentín, la Navidad más discriminatoria de todos los tiempos, adoptada como propia como el día de la cerveza, el del duende verde que se llama Patricio y la Fórmula 1. El que tiene pareja se pasea vestido de rojo por los lagos de Palermo que para las 12 del mediodía ya rebozan de semen expulsado periódicamente cada 7 minutos por diferentes pares. Los novios cantan Luis Miguel y se hablan al oído palabras melosas que embadurnarían de almíbar a Marta Minujín y la tirarían de un tobogán para caer en una pileta llena de hijos no reconocidos de Pablo Echarri.
Los no novios, por otro lado, lejos de estar felices, sienten el odio rebalzar de sus amígdalas. El amor apesta, el amor molesta, ocupa bancos de plaza, lo fuerza a uno a ceder voluntariamente a pasarse a un asiento individual porque ELLOS te miran como perros tirados porque quieren sentarse juntos los muy boludos... el amor.
Me pregunto qué habrá hecho Valentín para ser Santo. Quizás fue el primer conchudo que se pajeó crónicamente por una misma mina sin nunca tocarla, se hizo santo y automáticamente una mujer suspiró y dijo "ahh que romántico" y ahora resulta que el amor platónico esta de moda, y ni que hablar ponerse de novio para esta fecha, eso es el hitazo del verano, CTI. Las miradas penetrantes de los solteros, poseídas por Julieta Venegas te gritan desde la profundidad "eres para mi" y hasta llegan a toquetearte las manos sin intención para ver si se produce el flechazo. Pobres, lo más parecido al flechazo que se puede encontrar es una espada en el orto practicando esgrima.
Y así estamos. Enamorados. Solteros. En trámite. El que recibió regalo lo expone en el balcón, el que no, simula no sentir enojo aunque muy muy adentro solo quisiera comerle los cayos a su pareja fría y sin corazón. Es San Valentín y las vidrieras demuestran que no podemos evitarlo, las películas parecen no tener otro tema para debatir y hasta el noticiero lucra mostrando cuánto amor aún sienten un par de abuelos después de mil años de casados y 990 sin sexo.
No hay escapatoria, no hay salida.
Hay que disfrutar del 14 de febrero.
Regálese un vibrador... y lubricante. En cantidad.
Es San Valentín, la Navidad más discriminatoria de todos los tiempos, adoptada como propia como el día de la cerveza, el del duende verde que se llama Patricio y la Fórmula 1. El que tiene pareja se pasea vestido de rojo por los lagos de Palermo que para las 12 del mediodía ya rebozan de semen expulsado periódicamente cada 7 minutos por diferentes pares. Los novios cantan Luis Miguel y se hablan al oído palabras melosas que embadurnarían de almíbar a Marta Minujín y la tirarían de un tobogán para caer en una pileta llena de hijos no reconocidos de Pablo Echarri.
Los no novios, por otro lado, lejos de estar felices, sienten el odio rebalzar de sus amígdalas. El amor apesta, el amor molesta, ocupa bancos de plaza, lo fuerza a uno a ceder voluntariamente a pasarse a un asiento individual porque ELLOS te miran como perros tirados porque quieren sentarse juntos los muy boludos... el amor.
Me pregunto qué habrá hecho Valentín para ser Santo. Quizás fue el primer conchudo que se pajeó crónicamente por una misma mina sin nunca tocarla, se hizo santo y automáticamente una mujer suspiró y dijo "ahh que romántico" y ahora resulta que el amor platónico esta de moda, y ni que hablar ponerse de novio para esta fecha, eso es el hitazo del verano, CTI. Las miradas penetrantes de los solteros, poseídas por Julieta Venegas te gritan desde la profundidad "eres para mi" y hasta llegan a toquetearte las manos sin intención para ver si se produce el flechazo. Pobres, lo más parecido al flechazo que se puede encontrar es una espada en el orto practicando esgrima.
Y así estamos. Enamorados. Solteros. En trámite. El que recibió regalo lo expone en el balcón, el que no, simula no sentir enojo aunque muy muy adentro solo quisiera comerle los cayos a su pareja fría y sin corazón. Es San Valentín y las vidrieras demuestran que no podemos evitarlo, las películas parecen no tener otro tema para debatir y hasta el noticiero lucra mostrando cuánto amor aún sienten un par de abuelos después de mil años de casados y 990 sin sexo.
No hay escapatoria, no hay salida.
Hay que disfrutar del 14 de febrero.
Regálese un vibrador... y lubricante. En cantidad.
viernes, febrero 09, 2007
Dime que no
Uno se levanta en febrero sintiendo que falta poco para que termine el mes, es como una sensación colectiva que alguien en algún momento de la vida nos impregno. Son solo 3 días, pero cada persona con la que te quejes de la economía, del calor, del trabajo, de los pitos sucios, te dirá: “Igual este mes es corto”.
Cada mes en el que la sangre fluye por mi bombacha recordándome lo feliz que soy de no ser madre aun, me arrodillo y le rezo a la Virgen de los Ovarios fértiles por que nunca me toque la chula, ni siquiera de lejos y le agradezco profundamente a cada farmacéutico que me vendió mis pastillas anti bebes a cada 28 días de distancia.
Sin embargo, pese a mi felicidad, Patito llego a mi casa:
- Hace 46 días que no me indispongo, Mel.
- Y te hiciste un test?
- No
- Hacetelo
- Me lo vas a comprar vos? Porfa…
El impulso dijo que si. A los 2 días, Patito volvió a casa y esta vez, la compra seria efectiva. Con el culo cerrado como la garganta de la frígida de Gran Hermano, las dos caminamos por Corrientes hasta la primer farmacia. Entramos. La cabeza automáticamente comenzó a volar, pero no solo por el temor de mi amiga hasta el momento embarazada, sino porque jamás en la vida había tenido yo que hacer una adquisición de este estilo. Es mas, en una situación así hubiera hecho la gran Demmi Moore, hubiera agarrado una aguja de tejer y clavo que te clavo la sombrilla! Clavo que te clavo la sombrilla!.
Pero no, no seamos cavernícolas. Es simplemente un test para un tercero, aunque nadie dentro de la farmacia deba saberlo, pero de todos modos, sin querer pensarlo, la sensación de “estoy preñada” se apodero de mis paranoicos ovarios.
Luego de esbozarle el pedido del test pre-abortivo a la primera dama que aprecio ante mis ojos, note un cambio drástico en ella. La cara de concha afligida se transformo en concha feliz. Los ojos de desgano eran ahora de esperanza. Sus recomendaciones eran maternales y los tests estaban a su derecha, como Jebus. Me presento 2 alternativas:
Eva Test: Asumo que ese nombre funciona gracias a la Eva que toco la serpiente y no quería hacerse cargo.
TEA: Mas barato que el anterior, pero igual de efectivo (como los cucarachicidas). Vamos con TEA (“Te Estoy Avisando” es lo que significa según arduas investigaciones).
Cuando llego el momento de ir a la caja, sentí que el piso cambiaba de color, que el mareo se apoderaba de mi cuerpo, que tenia a ET sentado en la vesícula limándome las vértebras y un dolor punzante en el corazón producto de la taquicardia por el cagazo de tener dentro a un invertebrado.
La cajera también tuvo un cambio fundamental en su actitud, pero solo lo note al final de la transacción. Una vez entregado el vuelto, los ojos se le iluminaron, entrego la bolsa y sus labios vomitaron la palabra mas inoportuna para un caso como este: “Suerte”.
El retorno a casa fue mas corto de lo esperado. Ya Patito tenia su test y simplemente había que mearlo, pero a la mañana siguiente, cuando el pis esta amarillo y con olor.
Una noche de pesadillas, de nervios, diarrea y espermicida; saltos sobre los talones como dicen las abuelas y patadas en la panza como dicen los violentos. Eran las 8 del nuevo día, Patito se levanto, Patito meo, y a los pocos minutos descubrió que dentro de su panza tan solo había tripas en ayunas.
Cada mes en el que la sangre fluye por mi bombacha recordándome lo feliz que soy de no ser madre aun, me arrodillo y le rezo a la Virgen de los Ovarios fértiles por que nunca me toque la chula, ni siquiera de lejos y le agradezco profundamente a cada farmacéutico que me vendió mis pastillas anti bebes a cada 28 días de distancia.
Sin embargo, pese a mi felicidad, Patito llego a mi casa:
- Hace 46 días que no me indispongo, Mel.
- Y te hiciste un test?
- No
- Hacetelo
- Me lo vas a comprar vos? Porfa…
El impulso dijo que si. A los 2 días, Patito volvió a casa y esta vez, la compra seria efectiva. Con el culo cerrado como la garganta de la frígida de Gran Hermano, las dos caminamos por Corrientes hasta la primer farmacia. Entramos. La cabeza automáticamente comenzó a volar, pero no solo por el temor de mi amiga hasta el momento embarazada, sino porque jamás en la vida había tenido yo que hacer una adquisición de este estilo. Es mas, en una situación así hubiera hecho la gran Demmi Moore, hubiera agarrado una aguja de tejer y clavo que te clavo la sombrilla! Clavo que te clavo la sombrilla!.
Pero no, no seamos cavernícolas. Es simplemente un test para un tercero, aunque nadie dentro de la farmacia deba saberlo, pero de todos modos, sin querer pensarlo, la sensación de “estoy preñada” se apodero de mis paranoicos ovarios.
Luego de esbozarle el pedido del test pre-abortivo a la primera dama que aprecio ante mis ojos, note un cambio drástico en ella. La cara de concha afligida se transformo en concha feliz. Los ojos de desgano eran ahora de esperanza. Sus recomendaciones eran maternales y los tests estaban a su derecha, como Jebus. Me presento 2 alternativas:
Eva Test: Asumo que ese nombre funciona gracias a la Eva que toco la serpiente y no quería hacerse cargo.
TEA: Mas barato que el anterior, pero igual de efectivo (como los cucarachicidas). Vamos con TEA (“Te Estoy Avisando” es lo que significa según arduas investigaciones).
Cuando llego el momento de ir a la caja, sentí que el piso cambiaba de color, que el mareo se apoderaba de mi cuerpo, que tenia a ET sentado en la vesícula limándome las vértebras y un dolor punzante en el corazón producto de la taquicardia por el cagazo de tener dentro a un invertebrado.
La cajera también tuvo un cambio fundamental en su actitud, pero solo lo note al final de la transacción. Una vez entregado el vuelto, los ojos se le iluminaron, entrego la bolsa y sus labios vomitaron la palabra mas inoportuna para un caso como este: “Suerte”.
El retorno a casa fue mas corto de lo esperado. Ya Patito tenia su test y simplemente había que mearlo, pero a la mañana siguiente, cuando el pis esta amarillo y con olor.
Una noche de pesadillas, de nervios, diarrea y espermicida; saltos sobre los talones como dicen las abuelas y patadas en la panza como dicen los violentos. Eran las 8 del nuevo día, Patito se levanto, Patito meo, y a los pocos minutos descubrió que dentro de su panza tan solo había tripas en ayunas.
martes, febrero 06, 2007
El regreso
Las 8 de la mañana me sorprendieron mientras soñaba que Jorge Rial me abrazaba fuerte mientras me aconsejaba cambiar mi anillo de cotillon, que me comprara alguno así plateadito para poder tener éxito y me pedía que corriera a Carmen Barbieri en busca de un chimento.
Decidí que era una buena mañana para comprar un hornito y velas violetas para regalar. El vendedor, mas interesado en darme a entender que el sabia que yo vivía en frente, tardo en atenderme mas tiempo que si hubiera ido gateando por la calle Corrientes y hablara Mandarin. Lo bueno de tener tetas es que los hombres funcionan depende del tamaño: Por ejemplo, si una mujer con tetas grandes y redondas va a comprar una vela, el vendedor se la imagina untándola con cera caliente en los pezones y automáticamente le regala un aceite con olor a rosa. Si la mujer tiene tetas, pero se ven como recién licuadas, el vendedor no solo que no le regalara nada, sino que además la va a vetar del negocio para siempre bajo los ojos intimidantes del chacal de la alegría.
Al salir de la Santería que fácilmente califica como el lugar con mas objetos sin utilidad que jamás haya conocido, tres 124 en filita pasaban con unos 20 metros de distancia entre ellos. El último y más cercano a mi ubicación del momento estaba atrapado por un semáforo. Me acerque a trote con la mochila cargada con un taper con fideos y una bolsa en la mano llena de mis nuevas adquisiciones. Estando a 26 centímetros de la puerta cerrada del colectivo, caí en la cuenta de que la cara del manejante hacia un negativo movimiento de izquierda a derecha con la cabeza. Ahora yo reflexiono: El NO que mas me molesta es el de estos conductores. Me molesta mas que el NO de “No hay talle”, que el NO de “no te quiero coger” y NO de “estas no-minado”. Que es lo que nos niega el colectivero? Un viaje de placer?? Una mañana acompañados de ellos escuchando tango o alguna radio AM con menos onda que un pepino hemipléjico y solo para ir a trabajar sin ningún dejo de pasión personal por ser parte de su rutina? No, nos niega algo tan sencillo como abrirnos una puerta, lamentable.
Presa de la indignación me decidí a correr al colectivo que estaba en el medio. Corrí y corrí cual gacela embarazada de una cabra y al llegar al final de la fila de subientes, el conchudo arranco. Comencé a correr con mas ganas hasta que me rendí luego de 50 metros y lo único a lo que atine fue a lanzar un grito a lo Mel Gibson: “Hijo deeee puuuuuutaaaaaaa”. Ahora el que vende potus en la esquina me tiene miedo.
Aun me quedaba el primer colectivo, pero al escucharme gritar solo quedo el humito gris de la deshonra. La frustración se gano mi cuerpo, la tristeza mezclada con la punzante felicidad de estar llegando tarde comenzaron a formar una paranoia digna de Roviralta, y en ese momento… simplemente apareció.
Se paro detrás de mí pero más cerca de la sombra, éramos solo dos en el palo erecto del 124. Yo, chivada, con olor a fideos en la mochila que luchaba por salir a la luz, y ella, con bolsas, como siempre, con cara de concha, como siempre, pero con nuevos reflejos rubios. La vieja había vuelto, y estaba más linda que nunca, como Marcela Brane.
Nos miramos, nos sentimos, nos envidiamos el pelo y justamente cuando el dialogo iba a comenzar, llego el transporte matutino. La casualidad nos ubico únicamente a nosotras dos de pie. Ella se paro a mi lado, casi podía sentirle el perfume horroroso que tiene mezcla de concha con Recoleta y un toque de Iglesia Evangelista. Llegando a Callao ambas sabíamos que alguno de los sentados iba a dejar su lugar y estábamos preparadas para luchar como gárgolas en aceite de bebe, pero justo cuando un boludo se paro, la vieja…. La vieja me cago y viaje parada hasta Libertador.
Decidí que era una buena mañana para comprar un hornito y velas violetas para regalar. El vendedor, mas interesado en darme a entender que el sabia que yo vivía en frente, tardo en atenderme mas tiempo que si hubiera ido gateando por la calle Corrientes y hablara Mandarin. Lo bueno de tener tetas es que los hombres funcionan depende del tamaño: Por ejemplo, si una mujer con tetas grandes y redondas va a comprar una vela, el vendedor se la imagina untándola con cera caliente en los pezones y automáticamente le regala un aceite con olor a rosa. Si la mujer tiene tetas, pero se ven como recién licuadas, el vendedor no solo que no le regalara nada, sino que además la va a vetar del negocio para siempre bajo los ojos intimidantes del chacal de la alegría.
Al salir de la Santería que fácilmente califica como el lugar con mas objetos sin utilidad que jamás haya conocido, tres 124 en filita pasaban con unos 20 metros de distancia entre ellos. El último y más cercano a mi ubicación del momento estaba atrapado por un semáforo. Me acerque a trote con la mochila cargada con un taper con fideos y una bolsa en la mano llena de mis nuevas adquisiciones. Estando a 26 centímetros de la puerta cerrada del colectivo, caí en la cuenta de que la cara del manejante hacia un negativo movimiento de izquierda a derecha con la cabeza. Ahora yo reflexiono: El NO que mas me molesta es el de estos conductores. Me molesta mas que el NO de “No hay talle”, que el NO de “no te quiero coger” y NO de “estas no-minado”. Que es lo que nos niega el colectivero? Un viaje de placer?? Una mañana acompañados de ellos escuchando tango o alguna radio AM con menos onda que un pepino hemipléjico y solo para ir a trabajar sin ningún dejo de pasión personal por ser parte de su rutina? No, nos niega algo tan sencillo como abrirnos una puerta, lamentable.
Presa de la indignación me decidí a correr al colectivo que estaba en el medio. Corrí y corrí cual gacela embarazada de una cabra y al llegar al final de la fila de subientes, el conchudo arranco. Comencé a correr con mas ganas hasta que me rendí luego de 50 metros y lo único a lo que atine fue a lanzar un grito a lo Mel Gibson: “Hijo deeee puuuuuutaaaaaaa”. Ahora el que vende potus en la esquina me tiene miedo.
Aun me quedaba el primer colectivo, pero al escucharme gritar solo quedo el humito gris de la deshonra. La frustración se gano mi cuerpo, la tristeza mezclada con la punzante felicidad de estar llegando tarde comenzaron a formar una paranoia digna de Roviralta, y en ese momento… simplemente apareció.
Se paro detrás de mí pero más cerca de la sombra, éramos solo dos en el palo erecto del 124. Yo, chivada, con olor a fideos en la mochila que luchaba por salir a la luz, y ella, con bolsas, como siempre, con cara de concha, como siempre, pero con nuevos reflejos rubios. La vieja había vuelto, y estaba más linda que nunca, como Marcela Brane.
Nos miramos, nos sentimos, nos envidiamos el pelo y justamente cuando el dialogo iba a comenzar, llego el transporte matutino. La casualidad nos ubico únicamente a nosotras dos de pie. Ella se paro a mi lado, casi podía sentirle el perfume horroroso que tiene mezcla de concha con Recoleta y un toque de Iglesia Evangelista. Llegando a Callao ambas sabíamos que alguno de los sentados iba a dejar su lugar y estábamos preparadas para luchar como gárgolas en aceite de bebe, pero justo cuando un boludo se paro, la vieja…. La vieja me cago y viaje parada hasta Libertador.
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