lunes, julio 16, 2007

Sábado para el olvido

El sábado no estaba siendo un buen día. Mi último paso por la bañadera había sido el jueves, por lo que podía observarse una capa grasosa y brillante sobre mi habitual jopo. La semana premenstrual estaba en su máximo esplendor y lo mejor que se me ocurrió fue pedirle a mi caballero romántico que me pusiera a llenar la bañadera. Me la llenó hasta el tope y le puso espumita blanca que rebalsaba por encima de los bordes y se desprendía al piso.
Puse un pie, puse otro pie, puse el culo y se apagó el calefón, así sin más. Sin preguntar, sin siquiera darme la chance de juntar un puto vasito con agua tibia para desenjabonarme las tetas. Quedé ahí, desesperada y sensible, me puse a llorar, los gritos me invadieron y los ojos sin delineador se me desorbitaron haciendome parecer a Anabel Cherubito pariendo un oso polar con joroba.
Tomé una toalla, grité dentro de ella. El sonido desapareció con la espuma, la tarde recién comenzaba y necesitaba cambiar de aire.
Decidí visitar a la familia, bajé al subte, me senté en un banco y noté la presencia de un gordito de pelo rubio y enterito rojo que tenía muchas bolsas y me miraba por alguna razón que pronto él mismo me develaría:
- Flaca (me dijo con los ojos enrojecidos y la voz quebrada como la pija de Carlitos Nair) Tengo que decirte algo... si no te lo digo me voy a sentir muy mal.
- (Yo, que estaba leyendo fotocopias sobre Turquía, la inmigración y la conchadelfinaldelcuatrimestre, lo miré asustada, esperando que pelara la pija y me dijera: Ella quiere que te cases con sus bolas, pero no) - Decime, ¿qué pasó?
- Hay... una chica... flaquita, morochita... es de tu facultad: Ella quiere hacerte daño. Si ves un coche, correte!!!! -
Luego de eso, mi rubio psiquico, mi hombre de la bolsa del futuro, mi héroe enmascarado, el hombre que me hizo tener el día más garomposo del mundo, se levantó, sonrió liviano, esbozó un "cuidate" y se fue.
Hoy, siendo lunes, la paranoia por los autos no me abandona y la imagen del enterito me persigue en mis peores sueños.

viernes, julio 13, 2007

Novedades

Estimados Paseantes,

Gracias a ustedes, a aquellos que llegan al blog luego de tipear alguna frase pornográfica que sin éxito los lleva a esta página donde quedan sin paja, pero con una sonrisa caliente y babosa en el rostro, a los que siguieron órdenes de mails pedorros o cadenas reenviadas del reenviado reenvío de un mail enviado, a la vieja hija de puta que me crucé en el banco hoy, a Cristina K y a Cris Morena... Gracias a todos ellos estamos hoy entre los 40 finalistas del Concurso de Blogs de Intel, acomodados con la cachufla plácida entre los Mejores 10 de la categoría "Música y Entretenimientos".
Gracias por sus clicks. Ahora falta eliminar a la competencia.

Mel

http://www.corelifeblog.com/?p=125

jueves, julio 12, 2007

Enemigo cercano

Mis días comienzan muy temprano. Generalmente puedo darme el lujo de retozar cual vaca recién ordeñada hasta las 6 y 22 de la mañana, momento en el que mi celular grita una canción similar a "pam parabarabapam pam" y la repite incansablemente agregando sonidos estruendosos para que el somnoliento cerebro los capte instantáneamente y se levante con destino al baño para largar la primer meada del día, la olorosa, la amarilla y limpiarme después las paletas de olor a noche.
Desde el domingo hay algo que entorpece este proceso rutinario, lo arruina por completo originando un inevitable DIA DE MIERDA del que no podré escapar ni usando el culo de Nazarena Vélez como transporte público: un vecino de mierda.
Solo sé que a las 5:40 comienza un frenético TANTANTANTANTANTANTANTANTAN desprendido de su alarma despertadora que atraviesa su ventana, el aire, el edificio, mi ventana y llega a mis sensibles oídos presos de la furia.
El problema no solo es que el muy hijo de mujeres sin concha no apaga su despertador, sino que llega un punto en el que yo ya no puedo pensar más en ovejas que saltan y escucho incansablemente los sonidos TANtaneantes como si salieran de mi cerebro, de mi apéndice, del centro de mi ombligo manchado de pus que ya para esta altura baila el compás de la alarma como si fuera parte de su vida.
Esta mañana la violencia hizo nido en mi estómago. Sentí ganas de clavarle una sombrilla de Quilmes en la frente y untarle el agujerito del ano con ají putaparió. Quise descubrir su identidad en la oscura mañana y extirparle las pelotas, pero en lugar de todo eso, me levanté, hice mi primer pis de la mañana y llegué al trabajo una hora y media antes de lo que debía.
Gracias vecino, ojalá nunca te encuentre.

martes, julio 10, 2007

Pura y Santa

Por primera vez en mucho tiempo, hoy supe en carne propia lo que sufrieron los de VIVEN. Realmente qué molesto es sentir los pies entumecidos, sentir que el café no sirve de nada, ni la sopa, ni el chocolate. Qué feo es el momento en que las colchas ya no abrigan, solo pesan haciendo de tus tobillos una masa intangible de articulaciones sin uso. Feo el minuto en el que tenés que responder un mensaje de texto mientras caminás a la intemperie y las uñas parecen desprenderse del dedo, el dedo parece desprenderse de la mano y la mano podría ser comida por una jauría de travestis sin necesidad alguna de mostrar dolor.
Ayer nevó después de 89 años. La gente feliz se olvidó del frío, los linyeras armaban muñecos deformes, madres e hijos miraban por la ventana esperando ver a Papá Noel llegar antes, comerse un budín de pan y festejar con el notero de Telenoche que parecía la persona más alegre y sensibilizada de todas a la hora de mostrar el barro blanco.
Hasta Jorge Rial cubrió la lluvia de semen en la Argentina con cámaras estratégicas en las alturas de la pálida Genral Paz.
Yo intenté sentir algarabía, cosquilleo de romanticismo y ganas de salir a juguetear cual chihuahua borracho, pero no. Nada pasó. Me pellizqué, me dije a mi misma que "era nieve! iupi! iupi!!", pero nada. Ni un milímetro de mi ser se mostró cálido a la novedad. Sentí por un momento que no merecía ser parte del fenómeno, debía recluírme sin más en mi habitación y demostrar lo poco que me importaba la nevada mirando programas de playa y mar, calor y Baywatch. Lo hice, pero algo muy adentro no pudo evitarlo y me paré cada dos horas a mirar por el balcón a contemplar cómo el agua nieve (la palabra nueva del mes), se derretía penosa antes de llegar al piso, amagando a los caminantes a los que solo les faltaba corear "Oooleeeeee" con cada copo del demonio que desaparecía.
Gente juntando nieve de los autos, de las rejas, de las veredas escupidas, vomitadas y cagadas tras el feriado dicharachero. Hemos visto cantantes corear temas del mundial bajo la helada lluvia, hombres y mujeres vestidos para la ocasión con gorros rusos, tapados ridículos y cubeteras listas para la acción. Hemos visto de todo.
Es nieve señora, tírele azúcar y cómala con helado y si usted, señor, niño, bebé al que llevan sin consultarle qué carajo le importa cagarse de frío para sacarse una foto para la posteridad, si a todos ustedes les importa tan poco la novedosanieve como saber cuántas veces fue rejuvenecida la concha de la Pradón, únase a mi grupo selecto de gente mala onda, comandado indiscutiblemente por el PELOTUDO del Chavo Fux.
Amén.

miércoles, julio 04, 2007

Parecidos que matan

Paseando por Buenos Aires con mi MP4 y mi sweater de calaveritas llegué al Correo central, me paré en sus paradas plagadas de palomas gordas y morrudas como si practicaran jockey sobre mierda desde su nacimiento, y aguardé a que llegara el aclamado transporte quilmeño, el 159: 1x Mitre.
Era la primera en la fila, por lo cual me auguraba indefectiblemente un lugar copado en el bondi. Uno siempre que piensa eso, termina sentado en esos asientos sobre la rueda, o del lado que pega el sol en pleno verano o debajo de una ventanilla de esas que se abren a medida que el bondi anda. Esas que se abren de a poquito y vos cerrás. Vuelve a abrirse y volvés a cerrar. Pero ya, a la tercera vez, se te caga todo el colectivo de risa, te resignás y disfrutás la vida, el frío y la concha de la gorda que se sentó en el asiento que ahora deseás.
En fin, me subí al colectivo. Me senté en un buen lugar, al fondo, al lado de la ventana. Claro está que ese es el lugar elegido por los nodadoresdeasientosaviejasniembarazadas. Escuchaba temas felices, llenos de algarabía y movimiento para despertarme luego de una noche agitada hasta que de pronto un grupo de chicas subió.
Primero se quedaron paradas agarrando el palo del timbre que no funcionaba, lo que consistió en el primer tema de charla entre las adolescentes. Jugaban a mirar al colectivero por el espejo, amagando necesitar bajar para que el conductor cayera, todos perdiéramos tiempo y ellas disfrutaran de los surcos en sus entrepiernas mientras seguían rascándose sus respectivas cuchufletas plagadas de tiempo libre.
Por más que recé, imploré al popular San Expedito y a Chicle Gelblum, un lugar se liberó a mi izquierda y una de las chicuelas se sentó a mi lado. Era gorda, de piel tostada, tostadísima, que contrastaba con unas manchas extrañas con cara de herpes que se le hacían en los cachetes redondos.
Noté que ella tenía el pelo sucio. Se olía algo mezclado entre aceite usado más de 3 veces y palitos de la selva. Tenía una mochila sin cierre, lo cual no comprendí y me demostró que ya no estoy a la onda. Decenas de miles de pins de My Chemycal Romance decoraban su cuerpo, sus remeras, su mochila y hasta su campera negra.
De pronto ví algo en su pelo. Algo plástico que se asomaba tímidamente por entre la grasa acumulada: un sticker. Un sticker de Fiona, la novia de Shreck.
El parecido físico entre ambas era sorprendente. Entre en un shock por Shreck, su novia, la chica y un dilema interno me avasalló: ¿Debía decirle a la gorda que tenía un sticker en el pelo o debía dejar que el mundo de curiosos y observadores notara el parecido y sonriera cómplice?
Los minutos pasaron y dos damas maquilladas a niveles extremos aparecieron en escena. No parecían amigas de Fiona, pero le hablaban y ella era feliz como nunca. Yo disfrutaba de verlas gesticular hasta que sucedió lo inesperado. Un complot de amigas, una unión de superhéroes, una jugada maestra: Una a una comenzaron a sacarse las camperas y remeras y muy lentamente se fue viendo una camisa blanca, una manga larga, otra manga larga, mucha blancura digna de auspicio de jabón en polvo y el logo tan esperado: Fiona era boy scout. Y lo más importante: Iba a un campamento.
Su parada llegó. Fiona y sus amigas bajaron. El sticker la siguió implacable y escondido con una misión clara: que el parecido no muriera con el pegamento.

jueves, junio 28, 2007

Hacia el futuro

El medio aguinaldo se manifestó con la fuerza del Dios de las Vírgenes Peladas y esparció felicidad al estilo Hare Krishna por cada rincón de la ciudad. Hay quienes dicen que las vacaciones tienen el mismo impacto, pero yo difiero completamente con ellos: al mes siguiente, las vacaciones se descuentan mientras el medio aguinaldo es un regalo a los cuerpos cansados, frío y muertos que ya en Junio solo piden a la vida un descanso, algo por lo que seguir latiendo sin necesidad de matar canarios para satisfacerse.
De cualquier modo, nunca es completa la felicidad. En mi mente perturbada flotaba la idea de un aguinaldo millonario, rebalsado de billetes de cualquier color, con el que iba a cambiar mi vida, comprarme ropa decente, un corpiño que no ceda con el peso tetal, un pullover de calaveritas que ya luzco felizmente mientras los que me ven pasar dudan ahora si la muerte existe o soy solo una ilusión y, además de todo lo mencionado, compraría un MP3 para alivianar, aunque sea un poco, los viajes matinales, las tardes de 60 o los viajes a Quilmes a visitar a la familia (una tiene un lado sensible, vieron).
Como siempre, Mercado Libre me ofreció la mayor cantidad de variedades existentes en la categoría tecnológica que buscaba y hasta me llevó un paso hacia adelante, hacia la evolución: el MP4. En el tiempo que tardé en percatarme de la diferencia que residía entre en 3 y el 4 podría haber visto Arma Mortal 1, 2, 3 y 4 de atrás para adelante y buscado mensajes satánicos en "El Capo" del mediodía. Finalmente comprendí: el MP4 tiene videos.
El precio suculento me llevó a comprar impulsivamente, sin siquiera chequear el stock de colores. En el camino hacia el local pensé las opciones. Me imaginé portando un aparato verde, o amarillo o peor, rosado. Me ví luchando contra su maldito manual en la mirada de todos los pasajeros del subte, pegándole a la tecla de MENÜ de modo compulsivo en un ritual cavernícola que terminaría con la muerte solitaria y penosa de mi dedo índice.
Llegué al local a dos cuadras de mi casa. Bendita la cercanía. Subí una escalera dudosa y me recibieron unas diez personas con caras de miedo y gestos de "nosoypoliciayesperoquevostampoco". Unas muchachas rolingas educaban a cada cliente sobre cómo usar éstos delgados piringundines. Un viejo gritaba una frase sin respirar: "Dice noudiscnoudisc". La chicuela lo consolaba en su ignorancia y le explicaba cómo formatear de manera sencilla.
Recé para no ser yo la próxima en gritar. Quince minutos más tarde, me atendían a mí. Varios nenes molestos jugaban con autos y hacían ese ruido que los pendejos asocian con ruido de motores y los adultos no olvidamos jamás: rumruuuuuummmm rrrrrummmm. La violencia está a flor de piel.
Mi vendedora me ofreció todos los aparatos que tenía, intentó convencerme de que hablaban, contaban chistes como Matías Alé (el hombre a quien más aborrezco desde que Baby Etchecopar ya no es tan popular) y hasta que chupaban entrepiernas. Mi NO era rotundo, me convertí en su pesadilla, en una lucha personal por venderme algo más caro. No lo logró.
Me dio mi MP4 en color negro. Me pidió casi llorando que guardara bien la garantía escrita a mano y con un mail de hotmail como contacto, como toda empresa seria (...) y que no le quitara los plásticos transparentes a la pantalla. Arruinó la mejor sensación de una nueva compra: sacar ese plástico de mierda que huele tan bien. La odié con la misma energía que a Alé.
Esta mañana, luego de una tardenoche de absorver conocimientos sobre el aparato, me lo colgué al cuello, sintonicé la radio porque aún no le injerté temas grabados, me lo metí entre las tetas para dificultar su robo y caminé feliz hacia el subte. De más está decir que en el subte la radio no funcionó, pero el solo hecho de tener los auriculares blancos (para que se vea mejor la cerita desprendida) adornando mis hombros hizo de éste jueves un placer absoluto.

martes, junio 26, 2007

Circuito eterno

Mañana es el último día para que emitan sus votos a éste blog. Les recuerdo el procedimiento mis queridos: Un PUTO click en el cuadradito que está a la derecha de su pantalla, arriba y dice VOTAME!. Agradeceré su colaboración.
Ahora sí, lean. Es un posteo corto, como pito de sodero.


Quizás motivada por la reciente muerte del Doctor Sokolinsky o por el frío incesante, el viento sudoroso o el choque de Catherine Fullop en la Panamericana, me dispongo a volver, a retornar al sistema entre mocos, tos, parásitos anales y un dejo de olor a huevos que me persigue desde que un viejo extraño se sentó a mi lado en el subte.
Tras el robo de mi billetera, celular, llaves e inocencia de hace un par de semanas, debí cancelar mis tarjetas de débito y ésta semana era mi obligación moral con el Banco Standard pegarles un llamadete para ver la situación actual del trámite por mi nuevo plástico:

- Standard Bank, buenos días
- Hola... sí... llamaba para ver qué pasó con mi tarjeta... tenía que llamar a ver si ya estaba en el correo para arreglar la entrega en mi casa en un horario en que pueda estar...
- Qué tarjeta? (Esta frase denota que la muchacha se quedó a dos palabras de mi frase anterior, por lo que seguramente tendré que repetirme)
- La de débito
- Ok, ¿Qué es lo que debe chequear señora?
- Señorita. Tengo que ver si ya estaba en el correo para arreglar la entrega en mi casa en un horario en que pueda estar...
- Muy bien, la transfiero a denuncias.
- Standard Bank, buenos días
- Hola... sí... llamaba para ver qué pasó con mi tarjeta... tenía que llamar a ver si ya estaba en el correo para arreglar la entrega en mi casa en un horario en que pueda estar...
- ¿Usted recuerda su clave Banking Hola?
- Mi what? Qué carajo tiene que ver eso con la vida?
- .... tiene 4 dígitos.
- Ehh... No me acuerdo
- Segura?
- Sí, ¿necesitás que me lo tatúe en las tetas para que me creas?
- Ok, la transfiero al servicio Hola así cambia la dirección. Tiene que ingresar con su clave.
- (ansias de freirle el clítoris a temperatura máxima) No lo recuerdo
- Póngala mal 3 veces así sale un operador
- Dale, no hay problema, me gusta ser forro de alguien de vez en cuando.
- "Bienvenido al servicio HOLA"
- Clave mal 1
Clave mal 2
Clave mal 3
- cri cri.... cri cri.... cri cri....

Aún no tengo mi tarjeta.

miércoles, junio 13, 2007

Meame que me gusta

Pienso en la Virgen María, en su garche mental con el Espíritu Santo. Pienso cómo pudo no haberse dado cuenta de que Jebús estaba entrando poco a poco por cu cachufla, cómo José no notó que su mujer gozaba por primera vez en su matrimonio y cómo ningún vecino vió un halo de luz entrar a la casa pobre del carpintero para provocar sin más, el adulterio. Todos estos interrogantes no tenían respuesta… hasta hoy.
No sé ni cómo ni cuándo, ni dónde ni por qué, alguien se llevó mi billetera, mis llaves y mi celular horrible de pantalla azul. De pronto me encontré en Martínez, trabajando y sin un centavo en la mochila.
Es interesante remarcar que mi billetera no tenía ni siquiera polillas, mis llaves tenían un llavero bellísimo y mi celular, repito, era una garcha.
El odio irrefrenable hacia los punguistas, hacia esos hábiles violamochilas me tiene apresada, indignada y hasta premenstrual sin necesidad de estarlo.
Las tarjetas deben ser canceladas, la de débito debe ser eliminada con rapidez al mismo tiempo que la cabeza maquina y maquina “seguro ya compraron vibradores a mi nombre sin siquiera presentar el DNI que sabiamente no guardo en la billetera”.
El carnet de la obra social debe estar tirado por algún buzón, sucio y embarazado de delito. Es el único testigo… junto a la tarjeta de Coto, un bien altamente preciado cuando las bolsas pesan mucho para ser llevadas a mano.
Mi pase del subte descansaba en mi bolsillo, por ende no fue hurtado y me permite al menos completar la segunda mitad de mi viaje, pero no evitan la necesidad de poner cara de limosna y apretar los cantos del ojete para que los amigos laborales colaboren con el pasaje del 60. Qué colectivo de mierda. Si hoy fuera el día del Juicio Final, el momento en que las cuplas son saldadas, los pecados castigados y los premios otorgados, mi máximo placer sería incendiar la Terminal del 60. Más tarde, iría a Congreso de Tucumán y cagaría sobre la escalera mecánica luego de comer verdura. Finalmente, entraría al supermercado chino y me robaría un paté. En ese momento, precisamente en ese instante, volvería la felicidad a mis pechos.

viernes, junio 08, 2007

Un travesti gaseoso

Mi culo redondo está sentado en el subte entre medio de dos palos metálicos. Ya no me molesta, puedo adaptarme a eso, a tener a un tipo sentado sobre el palo apoyándome el bulto en la nariz y hasta puedo adaptarme al olor a perro mojado con semen de Sandro que tiene la señora que está sentada al lado mío.
Facultad de Medicina está tan lejos aún...
Un travesti se para delante mío. Tiene la bragueta abierta, por lo que puede verse claramente su falta de concha y su abundancia de matambre casero guardado en la entrepierna.
No puedo dejar de mirar sus cachetes. Parece que almacenara litros de leche descremada en sachet en cada pared interna de la boca. Además, algo que me resulta incríble es la blandura que transmiten. Tengo la certeza, la absoluta seguridad de que un dedo apoyado sobre ese flácido cachete será absorvido hasta salir su punta por el ojete del traba, succionado como nunca, o como siempre, con total placer.
De pronto un sonido como de pedo. Otro. Y otro. Y... otro más. "Es extraño que el olor no se haga notar... suena caldoso, caliente y hasta baboso", pensé. Mi vista se fijó nuevamente en los cachetes del travesti. Qué feo era. Y, por lo visto, también ruidoso.
Me percaté de que el androide emanaba pedos por la boca, hacía constantes sonidos babeantes y se limpiaba la saliva excedente de sus costados labiales en lo que parecía ser un polar de manga larga plenamente desagradable.
Cada vez que creía que había cesado, los gases bucales volvían a comenzar con más y más fuerza. Pensé que quizás cagaría también por la boca. Imaginé mares de mierda apoyados en su lengua, usándola de tobogán para deslizarse hacia afuera y caer, pesada, olorosa, en mi cabeza y luego en el piso del subte. Creé una imagen mental del travesti cagándose mierda encima, pedeando por su boca y cubriéndose a sí mismo en caquita blanda, lo imaginé untándose sus pechos gordos y carnosos, sus pezones peludos... todo lleno de mierda.
La dama sentada al lado mío me miraba cómplice, sonriente, sin saber cómo disimular la gracia que le causaba el esperpento pedante que nos tapaba la sombra y mientras tanto disulaba las ganas de cagar que le despertaba el sujeto con sus soniditos hincha pelotas. Amagó ella a pararse y temí por quién ocuparía su lugar. Le rogué que se quedara un rato más, que no se levantara porque de hacerlo, Gasman tomaría su lugar, en consecuencia los ruidos sonarían más cerca de mi oreja y eso llevaría a la desgraciada muerte del travesti en mis manos con guantes negros, perfectos para el crimen.
Pueyrredón llegó de pronto y así sin más me quitó su sonido, su erótico cabello de muñeca vieja, su bragueta abierta y su polar horrible. Extrañé su presencia, sus peditos, su imagen en mi cabeza. Lo vi irse con su bolsa de COTO abrazada a la axila. Seguía pedeando con gracia y estilo. El travesti gaseoso se merece mis respetos.
Amén.

lunes, junio 04, 2007

El secreto mejor guardado

La mañana del domingo me despertó con estrellas aún saludando desde las alturas y la almohada en la perfecta posición y blandura, como siempre, como cada mañana que debemos abandonarla mientras odiamos la vida, el despertador y al profesor que hace que trabajes un domingo, su madre y todas las figuras femeninas que lo rodeen en éste momento.
Las elecciones ya eran el tema de charla de canal 26, por lo que asumí que si a las 7 ya estaban a pleno como Wandanara en la revista Hombre (se abre los cantos cuasi como Naza Vélez con el caño santo de la gronchez), el resto del día sería bastante monotemático.
Con la velocidad que caracteriza mis levantadas matinales, me vestí, caché el grabador y, acompañada por mi caballero fiel, me fui a sentar a la puerta de la escuela 26, en pleno Palermo, rodeada de la mejor crema pastelera del país, con ponchos cool y un aire bostero encubierto.
Mi objetivo máximo era el encuentro con la diva, la increíble Mirtha Legrand, dueña de los almuerzos, de la historia argentina del cholulaje y de la ropa más brillante del mundo entero. Desde sus 18 años Mirthita votó en la 26, siempre a la mañana, razón por la que éramos más de 5 los pelotudos cagados de frío esperándola.
La señora no estaba en el padrón, pero rápidamente un guardia de seguridad me informó que quizás por sus influencias no aparecía, es demasiado grosa para verse en un cartel rosa pedorro pegado en una pared.
Mirtha no llegaba, pero prontamente se me acopló un guardia de la policía federal. Un tipo de bigote y un aire a Marcelo Mazzarello, pero sin la nariz. Me contó que la señora en una denuncia por unas joyas robadas tuvo que confesarle su edad, tuvo que darle el dato más preciado de la farándula argentina y ahora él cargaba con el secreto.
Alrededor de las 9 de la mañana, tuve el encuentro más esperado. Camilo, el ex notero de Intrusos apareció con una botella de agua que bien podría meterse en el orto y circuló por el colegio a modo de estrella fugaz (estrellada y hecha pija contra el asfalto de la Panamericana).
La mañana avanzaba lentamente y las viejas con jorobas abundaban. Autos lujosos amagaban con traer a Mirtha, pero siempre caíamos en la desilusión. Un fotógrafo abusó de mi cara de “nuevaenesto” y me pasó su teléfono para avisarle el momento preciso en que llegara la vieja blonda, él iba a ir a esperarla a su casa, a 4 cuadras del lugar. Allí me quedé. El viento le daba espesor a mis mocos verdes que iban asomando cual pelos por los agujeros de mi napia. Por minutos no sentí el culo y creí que ya nunca podría cagar en un inodoro sintiendo el calor en mis cachas, era tan lejano… necesitaba tanto un café.
El policía conocedor de la Legrand quiso ser mi amigo y se acercó varias veces a hacerme algún chiste del estilo “es un sobaco de tortuga la Mirtha, está llena de arrugas”. Al momento me sonreí, pero por dentro solo quería hundirle las pelotas en miel y servírselas en bandeja a una jauría de abejas viciosas.
Cuando ya la mañana, el mediodía y la vida se pasaban ante mis ojos frustrados y la señora seguía sin aparecer, me dije a mí misma que quizás estaba garchando salvajemente con el fotógrafo o quizás habría muerto antes de votar, lo cual giraría por completo mi relato posterior. Pero no. La señora estaba en Pilar, en una quinta y en ningún momento se acercaría a elegir a Macri.
Ahí entonces, decidí atacar a mi policía de confianza. Zambrini sabía la edad de Mirtha, eso que ni Rial, ni Ventura, ni Moria Casán saben, pero Zambrini sí. Mirtha, la misma que hoy no votó, la misma que comió en la misma mesa con Victoria Onetto en su máximo apogeo, esa misma señora arrugada y de piel tirante… tiene 87 años.
Grande Mirtha. Gracias Zambrini.