martes, febrero 27, 2007
Del polvo al polvo
Hace unos días el destino de un trabajo con ráfagas de emoción me llevó a bordear el Hipódromo. Los caballos, deshidratados o dormidos, escondidos en sus casillas, me miraban pasar chorreando transpiración y se sonreían sabiendo que pronto el sol haría en mis hombros estragos irremediables.
El polvo comenzó a aparecer a metros del Lawn Tennis. El cielo se veía empolvado, la gente estaba empolvada y los pisos, íntegramente constituídos de cenizas de fans de Independiente, absorbían el calor causando un “efecto desierto” en los espectadores que lejos de ver el tenis, se concentraban en los juegos de Prosegur que ofrecía un simulacro de una carrera de motos para ganarte un gorro de paja o una mini raqueta de plástico amarillo, excusa perfecta para mirarle de cerca las tetas a las promotoras gatunas.
Cuando finalmente comprendí que podía jugar a ser millonaria porque mi cinta lila que dejó una marca en mi muñeca luego de posar al sol del mediodía, tenía una inscripción que la separaba del resto: Mi cinta era VIP.
Entonces, entablé amistad con un guardia de seguridad que amablemente y sin intenciones sexuales ni violatorias me mostró las instalaciones y me guió al Palacio del Rey de Basto donde había comida gratis y decenas de heladeras con botellas de gaseosas, aguas con gustos contemporáneos como lima limón finamente gasificada, será que da menos pedos, vaya Jebús a saber… Intenté, claro, robarme botellas de gaseosas ya que el dinero no solo escasea sino que falta, pero me cacharon en el intento. Sin importarme, me senté a comer una ensalada de rúcula, salmón ahumado y pedazos de algo duro y crocante. Más tarde, descubrí un plato de sushi desnutrido que se servía en otro sector y pegadito a él, tres mesas. Una cubierta de panes de todos los estilos, formas fálicas y olores posibles; otra con numerosos platos de innovadores purés, si, purés, de color amarillo, blanco, naranja y hasta rojizo (todo es rojo, es la onda). Finalmente, la tercer mesa solamente tenía postres en vasitos, cosas elegantes que uno no come para no hacer el papelón chorreándose la remera de chocolate o golpeándose la nariz porque no le entra en el diminuto vasito de mierda. Dios, si me habré traumado en los cumpleaños de la infancia.
El rumor disparó que Chela estaba jugando a metros de mi ubicación, pero para qué cagarse de calor cuando se puede estar en una carpa blanca sin docentes llena de comida, bebidas y hasta teléfonos e Internet gratis.
Lugar exótico el Lawn Tennis Club. Es el criadero de unos bichitos similares a piojos, pero más transparentes que saltan y vuelan y te cagan la vida porque tenés que estar todo el tiempo con la boca cerrada escuchando sin sonreír los gemidos de la película homosexual que se desarrolla bajo un cielo rojo, ante cientos de ojos cubiertos por el sol, pero seguidores expertos de pelotas diminutas.
Memorias, recuerdos, paseos por Buenos Aires. “Estamos en el fondo del mar”, diría mi Tío Charly golpeándose la puntuda panza y dibujando puteadas en el medio de la mesa porque no puede descubrir el sentido de la frase “ir de cuerpo”. Sigue lloviendo. Un grandioso día en la ciudad. Ojalá me encuentre un mono y pueda llamarlo Gervasio.
miércoles, febrero 21, 2007
Regístrese Aquí
Paseando por el Buenos Aires digital me encontré con varios diarios con fotos de Jesica Cirio en culo, realmente es grandioso como mantiene esa forma circular sin mostrarse afectado ni por la gravedad, ni por los jeans y hasta apuesto dinero a que con joggin debe verse igual o mejor. Al margen del comentario lésbico, descubrí mi amor pasional por Jorge Rial y mi odio irrefenable por Reina Reech que simplemente me enerva la cabeza desde que empecé a confundirla con Cris Morena, figura detestablemente felíz.
Me dí cuenta con el paso de los minutos que si mis intereses de lectura iban más allá de la portada, debía crearme las los tan temidos Usuario y Contraseña para participar de un sorteo de entradas para ir a ver Rocky 6 que después de ver la mitad del musical Sweet Charity y darme cuenta de cuánto odio los musicales, es arte para todos los sentidos, hasta el anal (sentido poco desarrollado hasta hoy). Como un dúo para que la memoria se frustre, se achique o se torne previsible, estos miles de millones de dígitos que pensamos recordables hasta el momento de recordar cual usamos en esta pagina y cual en las 48 restantes, nos hacen indignar a veces a tal punto que preferimos volver a minijuegos.com y olvidar el mal rato jugando al tetris o al bubble. Gran juego, dicho sea de paso. Es increíble lo de buen humor que lo pone a uno reventar burbujas de colores con un arma que maneja un bicho horrible, pero sonriente, como Julian Weich.
Pasé entonces a usar mi estrategia, el plan que yo sola invente y el que creo es el modus operandi que llevará a los porteños a dejar de preocuparse por las claves: Usar siempre la misma, junto al mismo usuario, claro. Esto puede traer daños colaterales como que si alguien adivina tu clave de Gmail también lo hará de la tarjeta Banelco, el Club de Leonas en celo al que te uniste para salvar a los animales de la contaminación del café de filtro y del tan temido y lleno de secretos portal de correos: Hotmail.
Elegí mi usuario para La Nacion entonces, tal como cada vez y luego mi clave sin titubear, la tenía en la mente, como siempre, y en la billetera y en cada cuaderno nuevo que compro, por las dudas vió… Terminé de llenar mis datos personales en los que tan incisivos son en algunos aspectos como el laboral. Todo quieren saber, desde el cargo que tenés, al que aspirás, por qué te echaron, qué aprendiste en el camino y a cuántos les hiciste una chupada de lóbulo para ascender.
Una vez pasada esta etapa, viene la confirmación de clave y la pregunta secreta que no es más que otra cosa más que uno debe recordar. Primero hay que acordarse de qué pregunta elegiste, si la mascota de la infancia, el nombre de tu club, el de tu hijo o el color de la bombacha de la del cyber. Y después, según el ánimo que tengas, depende la respuesta. Hoy tu color favorito puede ser el caoba como ayer podría haberlo sido el marrón caqui que usan las chicas de los bancos. Tu mascota podría ser Picuca que murió tras comerse una goma de borrar o Sasha que era una perra grandiosamente hiperactiva y violenta, pero muy cariñosa, tanto que un día quiso sacarme una lagaña y me terminó desprendiendo la retina del ojo. Pero no, esta vez, La Nación me dio lugar al asombro. Decía: “Escoja una pregunta que lo haga recordar su clave al momento que se la olvide”. Grandioso.
Vale mencionar que esta mañana al llegar al trabajo y terminar de revisar primiciasya.com , intenté ingresar a La Nación para inscibirme en un concurso de los Oscars y nuevamente, había olvidado mi clave. Qué grande esta tarjeta…
lunes, febrero 19, 2007
Viciosas y voladoras
Volvía yo de Quilmes en el auto con mi padre cuando avistamos palomas en la calle Belgrano. Eran decenas de ellas, todas blancas y negras, con esa característica que las hace únicas e inigualables: su maldito olor a una nada que molesta. El acto reflejo de estas gallinas defectuosas siempre es correrse y volar ante el movimiento de algo situado en su cercania, pero no. Este no era el caso de esta paloma. Ergida mirando al Fiat Uno como Santo Biasati indignado por la contaminación del Himalaya, el animal mordió su galletita que estaba en medio de la avenida y al ver que no podía llevarla consigo si decidía volar, se dispuso a morir allí mismo. La viciosa paloma mascó migas con la velocidad que aspira un ornitorrinco el orto de su mama jirafa y justo en el momento en que el animal con menos funciones útiles del zoológico iba a dejar de ser parte de la Plaza de Mayo, mi padre tuvo piedad.
La noche llegó al barrio de Once. Fuera de traer una paz interior, las noches del domingo tienen un efecto devastador, deprimente y hasta suicida, como hemos tratado previamente en este mismo espacio. Habiendo ya decidido qué comer, volvimos a la habitación solo para poner la mesa sobre una tabla en la cama y ahí estaban ellas. Eran dos. En otra etapa de mi vida hubiera huído a llamar a los Cazadores experimentados de esta especie, pero como esta vez estaba acompañada, preferí no temer aún cuando la palabra "cagazo" estaba cobrando en mi estómago su real significado. Lucas tomó su alpargata a cuadritos, yo una toalla amarilla y me dispuse con ventilador de pie en mano a espantarlas con una rafaga de viento. Esto solo logro que la polilla del demonio volara esta vez con mas determinacion que antes para meterseme en la abertura de mi vajina cubierta por una bombacha roja de alto contenido sexual. Escapé a los saltos sin lograr matarla. Mi caballero arrojó su alpargata para pegarle al ave del demonio, pero el mismo miedo impidió a sus funciones motoras desarrollarse con normalidad. Enfocados únicamente en una de las polillas, perdimos el rastro del otro animal constituído enteramente de pelusa radioactiva y se nos apareció atacando por la espalda para hacernos salir del cuarto y hasta reconsiderar la idea de dormir en otra habitación.
No, no pueden vencernos dos polillas. Tres quizas, cuatro... mas que seguro, pero dos no.
El raid estaba fuera de discusion. Mas alla de ser matacucarachas y alimenta polillas mutantes, nuestra comida ya estaba sobre la cama, no podiamos ponerla en riesgo. Entonces, finalmente y luego de varios intentos fallidos, nos arremetimos a los animales del Purgatorio como quien tiene un hambre voraz y no quiere que estas milimetricas mierdas arruinen el ultimo momento sin trabajo hasta dentro de 7 dias. Agarramos un escobillon pensando que la mataria... solo logramos romper el escobillon. Sin quererlo ni pensarlo las dos polillas ahora eran tres. Logramos auyentar a una al exterior, lo que hizo que nos encerraramos para matar a las restantes o alejarlas lo mas posible de nuestra ubicacion. Nos sentamos en la cama. Estaban escondidas. Comimos, pero la paz no lograba volver a la habitacion.
A mitad de la noche otra de las conchudas salio a la luz de la tele y se abrazo a mi botella de agua. La paralisis del miedo nos hizo gritar, correr y arremeter a palos a ese animal de mierda. Tal fue la desesperacion, que la ultima integrante del trio escapo como la primera para volver a encontrarme esta mañana en el baño, mirandome con sus ojos de nada, debilitada por el sol, esperando la muerte que finalmente llego con la suela de mi zapato. Polilla de mierda...
Moraleja: Todo lo que vuela te caga la vida.
miércoles, febrero 14, 2007
Valentín
Es San Valentín, la Navidad más discriminatoria de todos los tiempos, adoptada como propia como el día de la cerveza, el del duende verde que se llama Patricio y la Fórmula 1. El que tiene pareja se pasea vestido de rojo por los lagos de Palermo que para las 12 del mediodía ya rebozan de semen expulsado periódicamente cada 7 minutos por diferentes pares. Los novios cantan Luis Miguel y se hablan al oído palabras melosas que embadurnarían de almíbar a Marta Minujín y la tirarían de un tobogán para caer en una pileta llena de hijos no reconocidos de Pablo Echarri.
Los no novios, por otro lado, lejos de estar felices, sienten el odio rebalzar de sus amígdalas. El amor apesta, el amor molesta, ocupa bancos de plaza, lo fuerza a uno a ceder voluntariamente a pasarse a un asiento individual porque ELLOS te miran como perros tirados porque quieren sentarse juntos los muy boludos... el amor.
Me pregunto qué habrá hecho Valentín para ser Santo. Quizás fue el primer conchudo que se pajeó crónicamente por una misma mina sin nunca tocarla, se hizo santo y automáticamente una mujer suspiró y dijo "ahh que romántico" y ahora resulta que el amor platónico esta de moda, y ni que hablar ponerse de novio para esta fecha, eso es el hitazo del verano, CTI. Las miradas penetrantes de los solteros, poseídas por Julieta Venegas te gritan desde la profundidad "eres para mi" y hasta llegan a toquetearte las manos sin intención para ver si se produce el flechazo. Pobres, lo más parecido al flechazo que se puede encontrar es una espada en el orto practicando esgrima.
Y así estamos. Enamorados. Solteros. En trámite. El que recibió regalo lo expone en el balcón, el que no, simula no sentir enojo aunque muy muy adentro solo quisiera comerle los cayos a su pareja fría y sin corazón. Es San Valentín y las vidrieras demuestran que no podemos evitarlo, las películas parecen no tener otro tema para debatir y hasta el noticiero lucra mostrando cuánto amor aún sienten un par de abuelos después de mil años de casados y 990 sin sexo.
No hay escapatoria, no hay salida.
Hay que disfrutar del 14 de febrero.
Regálese un vibrador... y lubricante. En cantidad.
viernes, febrero 09, 2007
Dime que no
Cada mes en el que la sangre fluye por mi bombacha recordándome lo feliz que soy de no ser madre aun, me arrodillo y le rezo a la Virgen de los Ovarios fértiles por que nunca me toque la chula, ni siquiera de lejos y le agradezco profundamente a cada farmacéutico que me vendió mis pastillas anti bebes a cada 28 días de distancia.
Sin embargo, pese a mi felicidad, Patito llego a mi casa:
- Hace 46 días que no me indispongo, Mel.
- Y te hiciste un test?
- No
- Hacetelo
- Me lo vas a comprar vos? Porfa…
El impulso dijo que si. A los 2 días, Patito volvió a casa y esta vez, la compra seria efectiva. Con el culo cerrado como la garganta de la frígida de Gran Hermano, las dos caminamos por Corrientes hasta la primer farmacia. Entramos. La cabeza automáticamente comenzó a volar, pero no solo por el temor de mi amiga hasta el momento embarazada, sino porque jamás en la vida había tenido yo que hacer una adquisición de este estilo. Es mas, en una situación así hubiera hecho la gran Demmi Moore, hubiera agarrado una aguja de tejer y clavo que te clavo la sombrilla! Clavo que te clavo la sombrilla!.
Pero no, no seamos cavernícolas. Es simplemente un test para un tercero, aunque nadie dentro de la farmacia deba saberlo, pero de todos modos, sin querer pensarlo, la sensación de “estoy preñada” se apodero de mis paranoicos ovarios.
Luego de esbozarle el pedido del test pre-abortivo a la primera dama que aprecio ante mis ojos, note un cambio drástico en ella. La cara de concha afligida se transformo en concha feliz. Los ojos de desgano eran ahora de esperanza. Sus recomendaciones eran maternales y los tests estaban a su derecha, como Jebus. Me presento 2 alternativas:
Eva Test: Asumo que ese nombre funciona gracias a la Eva que toco la serpiente y no quería hacerse cargo.
TEA: Mas barato que el anterior, pero igual de efectivo (como los cucarachicidas). Vamos con TEA (“Te Estoy Avisando” es lo que significa según arduas investigaciones).
Cuando llego el momento de ir a la caja, sentí que el piso cambiaba de color, que el mareo se apoderaba de mi cuerpo, que tenia a ET sentado en la vesícula limándome las vértebras y un dolor punzante en el corazón producto de la taquicardia por el cagazo de tener dentro a un invertebrado.
La cajera también tuvo un cambio fundamental en su actitud, pero solo lo note al final de la transacción. Una vez entregado el vuelto, los ojos se le iluminaron, entrego la bolsa y sus labios vomitaron la palabra mas inoportuna para un caso como este: “Suerte”.
El retorno a casa fue mas corto de lo esperado. Ya Patito tenia su test y simplemente había que mearlo, pero a la mañana siguiente, cuando el pis esta amarillo y con olor.
Una noche de pesadillas, de nervios, diarrea y espermicida; saltos sobre los talones como dicen las abuelas y patadas en la panza como dicen los violentos. Eran las 8 del nuevo día, Patito se levanto, Patito meo, y a los pocos minutos descubrió que dentro de su panza tan solo había tripas en ayunas.
martes, febrero 06, 2007
El regreso
Decidí que era una buena mañana para comprar un hornito y velas violetas para regalar. El vendedor, mas interesado en darme a entender que el sabia que yo vivía en frente, tardo en atenderme mas tiempo que si hubiera ido gateando por la calle Corrientes y hablara Mandarin. Lo bueno de tener tetas es que los hombres funcionan depende del tamaño: Por ejemplo, si una mujer con tetas grandes y redondas va a comprar una vela, el vendedor se la imagina untándola con cera caliente en los pezones y automáticamente le regala un aceite con olor a rosa. Si la mujer tiene tetas, pero se ven como recién licuadas, el vendedor no solo que no le regalara nada, sino que además la va a vetar del negocio para siempre bajo los ojos intimidantes del chacal de la alegría.
Al salir de la Santería que fácilmente califica como el lugar con mas objetos sin utilidad que jamás haya conocido, tres 124 en filita pasaban con unos 20 metros de distancia entre ellos. El último y más cercano a mi ubicación del momento estaba atrapado por un semáforo. Me acerque a trote con la mochila cargada con un taper con fideos y una bolsa en la mano llena de mis nuevas adquisiciones. Estando a 26 centímetros de la puerta cerrada del colectivo, caí en la cuenta de que la cara del manejante hacia un negativo movimiento de izquierda a derecha con la cabeza. Ahora yo reflexiono: El NO que mas me molesta es el de estos conductores. Me molesta mas que el NO de “No hay talle”, que el NO de “no te quiero coger” y NO de “estas no-minado”. Que es lo que nos niega el colectivero? Un viaje de placer?? Una mañana acompañados de ellos escuchando tango o alguna radio AM con menos onda que un pepino hemipléjico y solo para ir a trabajar sin ningún dejo de pasión personal por ser parte de su rutina? No, nos niega algo tan sencillo como abrirnos una puerta, lamentable.
Presa de la indignación me decidí a correr al colectivo que estaba en el medio. Corrí y corrí cual gacela embarazada de una cabra y al llegar al final de la fila de subientes, el conchudo arranco. Comencé a correr con mas ganas hasta que me rendí luego de 50 metros y lo único a lo que atine fue a lanzar un grito a lo Mel Gibson: “Hijo deeee puuuuuutaaaaaaa”. Ahora el que vende potus en la esquina me tiene miedo.
Aun me quedaba el primer colectivo, pero al escucharme gritar solo quedo el humito gris de la deshonra. La frustración se gano mi cuerpo, la tristeza mezclada con la punzante felicidad de estar llegando tarde comenzaron a formar una paranoia digna de Roviralta, y en ese momento… simplemente apareció.
Se paro detrás de mí pero más cerca de la sombra, éramos solo dos en el palo erecto del 124. Yo, chivada, con olor a fideos en la mochila que luchaba por salir a la luz, y ella, con bolsas, como siempre, con cara de concha, como siempre, pero con nuevos reflejos rubios. La vieja había vuelto, y estaba más linda que nunca, como Marcela Brane.
Nos miramos, nos sentimos, nos envidiamos el pelo y justamente cuando el dialogo iba a comenzar, llego el transporte matutino. La casualidad nos ubico únicamente a nosotras dos de pie. Ella se paro a mi lado, casi podía sentirle el perfume horroroso que tiene mezcla de concha con Recoleta y un toque de Iglesia Evangelista. Llegando a Callao ambas sabíamos que alguno de los sentados iba a dejar su lugar y estábamos preparadas para luchar como gárgolas en aceite de bebe, pero justo cuando un boludo se paro, la vieja…. La vieja me cago y viaje parada hasta Libertador.
miércoles, enero 31, 2007
Caliente y espontanea
La fiebre me llevo al funesto lugar, acompañada de un dolor de pecho causado por la ingestión de jugos congelados y mocos verdes pegados cual gomina a las paredes de mi garganta. Al no tener obra social me dirigí al sector guardia, donde las miradas de los médicos no ocultan su prejuicio: Todos los pacientes mienten y en realidad solo quieren faltar al trabajo…………………………………………………………………………….
Entre llantos de bebes, sabanas cagadas en tachos de basura y tres médicos que casi como un cumpleaños en verano, intentaban sentirse poderosos mientras gritaban: “No tenemos insumos! No podemos trabajar!”, me recibió el Jefe de Guardia. Alarmado por mi dolor de pecho, y sin poder ocultar su dislocación de mandíbula y globos oculares mientras veía las primeras tetas del día, el caballero me envió a… “La Guardia Espontánea”.
- Vaya por el pasillo, cuente hasta 4, sin respirar, de la vuelta a la derecha, amague pegarle a la enfermera, vuelva por donde vino, encuentre una C en el cielo y lea la Biblia de los pies del ascensorista. Ahí va a encontrar la Guardia Espontánea.
Para el momento en que encontré al sector C de la putisima Guardia Espontánea, ya había perdido la espontaneidad y hasta me sentía mejor.
- Antes de atenderse tiene que comprar un bono de cooperación para la consulta.
- Ahh… y si no traje plata para cooperar?
- Tiene que cooperar. Doble a la derecha por el pasillo mojado, déle la vuelta a la escalera de mármol que pronto va a caerse de podrida, cómase un pancho mientras saluda al paciente de la habitación 45 y mire a la esquina superior izquierda donde se prende una luz que titila. Ahí compre el bono.
Cuando encontré la caja, ya ni fiebre tenía. Siente pesos. Volví a la guardia con mejor nombre del mundo y esta vez me atendió un infante. Parecía un pendejo que había decidido jugar al doctor esta mañana y hasta había planchado su uniforme y se había peinado los pelos del orto con Poxiran.
El muchacho me pregunto muchas cosas incomodas como si tenia diarrea, si escupía verde y si la panza me cambiaba de tamaño. Realmente, si me hubiera sentido así hubiera ido a ver al Doctor Xavier de los X Men.
Ya sin fiebre, toqueteada por unos aparatos que bien servirían para motivar a una frígida y con unas ganas locas de levantarme y correr, mi doctor me informo que mejor volviera mañana, cuando me sintiera peor y tuviera alguno de los síntomas arriba mencionados, o vómitos, desmayos... cosas así, vio?
Le agradezco profundamente al doctor hijo de una hipopotama del Zoo de Buenos Aires, a la clínica del horror y a la guardia para gente selecta. Le agradezco al recepcionista hombre coya que me atendió y a la conchuda que me cobro el bono. Sin todos ustedes, la salud pública seria muy poco interesante…
lunes, enero 29, 2007
Una buena noticia
Ayer domingo, mi tio Pepe, vestido con un delantal rojo y con evidentes marcas de estar sufriendo calor mientras se encargaba de freir una a una las berenjenas que serivirian de aperitivo para los fideos en lo de la Nonna, leia el diario en el momento en que yo llegue a la cocina:
- Meli, me parece que apareciste en el Clarin, eh...
- Pff... tio, no creo...
- Como era tu pagina? plog? blog? compl... como era?
- complicadaehisterica.blogspot.com, pero no me digas eso tio, que despues si no estoy me frustro para el carajo...
- Claro, ves? Si, aca esta.
- ......
Y ahi estaba. En la pagina 55 de la seccion Ciudad aparece en un articulo de Nora Sanchez titulado: "Buenos Aires tiene quien le escriba: el boom de los blogs sobre la Ciudad" y en su guia de sitios aparecemos los Paseantes, en un espacio de ocupa ni mas ni menos que los 33 caracteres del link.
Obviamente seguido al descubrimiento vino la ganancia para el diario ya que desde mi madre hasta la señora Antonia de la vuelta de la casa de mi abuela pasando por el verdulero, el fotocopiador y los leñadores de Caperucita Roja (acusados de violacion por el lobo cagado a palos), todos compraron el diario del domingo en la busqueda de tan grata sorpresa.
Mi abuelo ahora sabe lo que es una direccion hachetetepedospuntosbarrabarra. Puedo considerarme realizada.
No quiero extenderme demasiado en este hecho, pero quiero agradecerles a todos los que se hacen parte de estos escritos urbanos guarros y reveladores, ya sea leyendo, colaborando con grandiosas firmas, rebozantes de creatividad y de buenas energias... en fin, a todos lo que alguna vez pasaron por este blog y los que siguen pasando. Las buenas noticias como la que me zopapeo el domingo sirven de estimulo para seguir laburando, seguir paseando y seguir haciendo papelones publicos para luego narrar detalladamente.
Saludos Paseantes!
viernes, enero 26, 2007
No trabaje mas con lluvia
Los días de lluvia en la ciudad son causales de las mayores deficiencias laborales. Nadie, y cuando digo nadie, me refiero a ningún ser humano con un mínimo de vida social activa, nadie se merece tener que enfrentar ordenes, o dirigir una empresa de imanes, o marcar un código de 7 dígitos en la entrada de una oficina de mierda los días que llueve.
Muchos de ustedes habrán proclamado felizmente al Día Osvaldo, que lo único que hacia era extender la tortura de tendencia suicida de los domingos y agregar un domingo más, pero el lunes. Sin embargo, yo proclamo que cada día de lluvia sea un feriado pago. Que la lluvia, causal de muchas gripes y anginas cuando se mezcla con el aire acondicionado, causal de ropa arruinada, caras de orto y pelos con frizz, sea tomada como un impedimento para realizar tareas laborales y por lo tanto, sin previo aviso, si un ser humano se levanta y garúa, aunque sea una lluviecita poronga que no llega a empapar la calle, la cama volverá a recibirlo para un día a pura paja, comida y sexo desenfrenado.
Debería ocurrir también que el mismo Estado nos provea de media docena de facturas A ELECCION por cabeza para cada trabajador de Buenos Aires, que deberá llegar entre las 9 y media y las 10 de la mañana sin demora y deberá estar acompañada por un café con leche o un Nesquick.
La lluvia y el trabajo no son compatibles, y si le queda alguna duda, considere los siguientes factores:
Cuando llueve es un bajón bañarse antes de salir a trabajar. Es considerado "al pedo" por mas del 79% de la sociedad. Esto implica mayor olor a culo sudado en la oficina y marcas de grasitud en las cabeceras de los asientos del 124.
Ver la lluvia caer desde la ventada del trabajo es causal de meadas encima involuntarias y hasta diarreas o cualquier cosa que le haga ver al jefe que estas mal y debes volver a la paz de tu hogar para disfrutar del programa de Rial.
Llegar mojado al trabajo implica mayores posibilidades de infidelidad. Uno llega empapado, otro llega empapado... se secan en el pasillo... en el baño... garchan en el escritorio. Inevitable.
Si te despiden en un día de lluvia, es razón más que suficiente para declararle la guerra a tu ex empleador y cortarle las orejas y comerlas a la vinagreta.
Entonces, desde este humilde blog, pido sus firmas apoyando esta moción:
Feriado pago con facturas para todos cada día de lluvia! No nos dejemos engañar y mucho menos explotar! Unámonos contra el trabajo en condiciones extremas, unámonos contra la lluvia y a favor de mejores condiciones de trabajo para todos.
Y si aun tiene dudas, pregúntese a usted mismo: "Quiero trabajar con lluvia?"
miércoles, enero 24, 2007
Desde el piso se ve mejor
El sol y el calor nos recibieron cual enema sorpresivo en medio de la noche y en menos de 3 horas ya el color frutilla en las pantorrillas logro un efecto Pinocho en mi caminar. Los pies quemados por la arena, hinchados y viéndose como en el paso previo a ser amputados por gangrena aun me queman y el cuero cabelludo deja entrever que ya empezó a pelarse por una especie de caspa muerta y constante que se le desprende cada vez que termino de peinarme.
Era sábado al mediodía. Auque los pediatras recomienden que uno no debe estar al sol en ese horario, si se pretende lograr un buen bronceado en 3 días, hay que hacer el esfuerzo y aguantar las ampollas. Alrededor de las 12 y media decidí salir con mi caballero de armas a comprar el almuerzo a un almacén cercano. Llevaba una malla roja que no se diferenciaba mucho del color de mis tetas, una pollerita de guerra para demostrar que no me depilo hace días, pero me la ree banco y unos anteojos que parecían haber salido del baúl de Moria Casan por su dorado penetrante. En un momento que no recuerdo, el almacén donde estábamos comprando fideos se volvió oscuro. Pensé: el sol me dejo medio boluda y por eso se me esta nublando la vista. Segundos después, un mareo. Volví a pensar: No estoy embarazada porque regularmente tomo mi pastilla anti bebes y además… estas vacaciones estoy parando en casa de mama, imposible tener sexo… Más mareo. Necesidad de salir a la calle.
(Momento en blanco que no recuerdo)
La secuencia, dicen los miles de testigos, fue la siguiente: Salí del almacén, se me veía mal y tambaleante. Caí al piso de cabeza. Me la di contra un cajón de cerveza. Me levanto un viejo, obvio, eso lo podría haber adivinado.
La ceguera momentánea me desespero a tal punto que sentí que podía cagarme encima sin siquiera importarme. Decenas de desconocidos me tocaban la cabeza como si yo fuera una virgen de los desvanecimientos en público. La cajera del almacén, lejos de reírse, estaba pensando: Se llega a morir esta turra acá en la puerta y me caga el día de playa. Mi novio, blanco, simplemente repetía sonriente: “Te queres matar te esta mirando todo el mundo!”. Este mensaje alentador sumado a la gente que me tiraba agua en la cabeza con intenciones de reavivarme cuando en realidad solo lograron mojarme, pasparme la entrepierna y casi ahogarme sentada, todas estas combinaciones hicieron que volviera a perder la visión por otros minutos. Una arcada me ataco, pero si vomitaba en la puerta del almacén iba a ser la causa de que cientos de personas no almorzaran y no quise tener ese peso en mi conciencia veraniega. Entonces me decidí a caminar a casa colgada como una sanguijuela ciega y paralítica al brazo de mi caballero. Camine descalza todo el camino plagado de vidrios y piedras sin sentirlo, tuve una revelación a lo Clark Kent y al entrar a mi casa se hizo la luz y la visión volvió a ser cotidiana (gracia dio!).
Toda esta funesta experiencia que afianzo mi relación con el carnicero y la cajera del súper, sirvió para que yo entendiera que Diego Torres es un hijo de puta, y que ir “por la vereda del sol” es una recalcada garcha de un pito corto.