domingo, enero 17, 2010

Renacer

Mi padre está maldito. Hace poco le robaron su maltrecho Fiat 1 manchado de aerosol y atormentado por el granizo. Cuando el seguro iba a disponer del dinero para compensarlo, encontraron casi entero al auto del infierno, dando origen al único caso en el mundo en el que un Fiat Uno no es desmantelado, desintegrado y reducido en menos de 45 minutos. A los pocos días le robaron el estéreo.


La oportunidad lo arrojó de frente a un corsa blanco vendido por uno de mis primos, nuevo, divino. Con estéreo. Llegamos a la conclusión mística de que al Fiat 1 le había ido tan mal por no haberlo llevado a bendecir a Luján, como a todos los autos familiares previos a ese. Con una semana de anticipación comencé a torturar la mente de mi padre con mensajes de estilo “el domingo vamos a Luján, no rompas mi ilusión”. El sábado me quedé a dormir en tierras quilmeñas, solo para despertarme el domingo a las 11 y partir rumbo a esta gran sede de catolicidad extrema.

Partimos 11 y cuarto. El calor me derretía las suelas de las ojotas, me despegaba el protector diario de la bombacha… aún cuando el aire acondicionado estaba creando estalactitas en las gotas de sudor que le chorreaban a mi padre por la pelada. Decidimos que la FM Hit con todo su pop reggeatonero feliz y amigable para viaje sería una emisora lo suficientemente impactante para emprender la hora de camino. Hicimos varios kilómetros cantando partes de temas mal recordados, hablando banalidades y festejando que por primera vez en años podíamos viajar con aire acondicionado. No podíamos evitar quejarnos por la cantidad de autos que habían decidido tomar esa misma ruta un domingo a la mañana. Ni en las peores predicciones hubiéramos imaginado al camino tan atestado. La visión era la de un rompecabezas de mil piezas desparramadas sin orden sobre el asfalto.

Entonces, sin un segundo de mentalización, el vehículo que venía frente a nosotros se detuvo como pija post inyección de viagra. David Bisbal estaba en la radio cantando ese tema idiota en el que le cuenta a su pareja actual que no para de pensar en su ex. Mi viejo volanteó hacia la derecha y el auto comenzó a girar descontrolado. Durante la primera vuelta recuerdo haber preguntado, desde una inagotable paz mental: “¿Qué está pasando, pa?”. Papá sostenía el volante y los dos nos sosteníamos del asiento. Las decenas de autos que nos secundaban nos esquivaban casi en un acto ensayado con Tom Cruise y todo el elenco de Misión putamente Imposible. El segundo trompo me dejó ver de frente a los acompañantes de los demás autos, llevando sus manos a la boca, sorprendidos de que no estuviéramos de cabeza en la ruta, destripados como codornices en las fauces de un bretón.

Luego de los giros, nos pegamos de espalda contra el guardarraíl y cabeceamos hacia adelante. Nos miramos, estábamos blancos, en silencio. Salimos a ver los daños que el auto se había hecho: eran nulos. Solo un raspón. El tema de David Bisbal había terminado. Le dije a mi padre que si moríamos llevando el auto a bendecir, iba a ir al Cielo a comenzarle un juicio político a Dios por practicarnos terrible paradoja. Pasamos unos minutos sentados al lado de la ruta viendo pasar a la gente. “Analicemos lo que acaba de pasar”, le sugerí a mi viejo, muriendo de risa: “No era el día para morir”.

Veinte minutos después, la Basílica de Luján nos recibió. Mi escepticismo se diluyó como tomates hervidos en colador y en seguida acepté el rosario pulsera que mi papá me regalaba. Compramos santos para toda la familia, colgamos un llavero del Sagrado Corazón en la llave del auto y un pequeño rosarito del espejo. Cuando llegamos a casa abrimos una cerveza, volvimos a mirarnos y sonreímos. Hoy, 17 de enero del año del mundial, mi padre y yo volvimos a nacer.

10 comentarios:

Desvest dijo...

Para empezar... fea la situación, Dios estuvo de tu lado y te mostró una parte de la muerte, la Parca solo atinó a mostrarte el filo de la guadaña... alegrense y gocen que la vida es corta diría la gran cantautora y filósofa Gloria Estéfan.
Pero volviendo, hacía falta que digas que se te despegaba la Days ultrafina? jajajaja

Anónimo dijo...

Uoooo meli, zarpado! Pero tiene enseñanza: la vida es una, y citando al filósofo sandro de amércia (qepd): "yo puedo perder la vida, pero la vida no me la pierdo"

Besoo!

Lau (tea)

el_iluso_careta dijo...

lo bueno es contarlo sin un rasguño...

claudia ortiz dijo...

Para mí que te protegió David Bisbal.Es de tener esos milagros....Es más, tiene un santuario en la ruta 6....

errebe dijo...

http://blogsdeteaydeportea.com/contenidos/1668-renacer.html

Saludos Melisa!

Anónimo dijo...

amén... jaja

Anónimo dijo...

ay mel, que susto. me re alegro que no les haya pasado nada. me moria sino
besos
L

pepe dijo...

Meli....me estoy poniendo un viejo choto, porque me hicistes llorar.

Los quiero mucho y estoy seguro que la vida les tiene deparada un montón de cosas buenas......una ya se las dio, las más importante....
Seguirla viviendo entre risas,fideos, familia y mucho AMOOOOOOOORRRRRRRRRRRRR
Tu tío Pepe

Anónimo dijo...

Naaaa lo que te faltaba era tener un "tío pepe" sos lo mas! jajaja

ferusska dijo...

Muy buena anecdota, menos mal que no paso nada salvo la escarcha en la cabeza de tu viejo y la falta de asosiacion entre la Days y la ropa interior!
y coincido con el Anonimo de arriba!