viernes, diciembre 11, 2009

Hermandad

El día que naciste yo estaba con la Nani ordenando lo que iba a ser tu cajonera. Apilábamos pañales y yo, con mis 6 años de hija única, doblaba tu ropa pequeñísima para que la Nani la agarrara un segundo después y la volviera a doblar. De pronto sonó el teléfono y avisaron que habías nacido. Tenía un hermanito.

Íbamos a ponerte “Bianca” si eras mujer. A pedido mío, claro, solo porque amaba a una ratona que llevaba ese nombre en el mundo de los dibujitos. No sabía si quería tener un hermanito. Menos que fuera varón. Era una competencia absoluta por el amor de nuestros padres. De todos modos fui feliz a la clínica. Eras violeta y tenías las bolas negras y gigantes. Las tuyas, querido hermano, fueron las primeras pelotas de hombre que vi. Y te llamamos Franco.
Empezaste el jardín de infantes cerca de casa y me emocionaba irte a buscar, a vos te daba lo mismo. Nos llevábamos como el culo, yo abusaba de mi tamaño y vos cedías ante mi desespero por usarte como a un juguete. Te hice personaje de mis tardes de te con peluches, de mis obras de teatro de títeres y hasta te pegué con el pañal puesto solo para escuchar el ruido apagado que hacía sin que siquiera lloraras. Ahora sí podía afirmarlo: me gustaba tener un hermanito.
Verte con el uniforme del colegio el primer día de tu primer grado fue divertido. No nos cruzábamos mucho en el colegio, pero a veces me quedaba un ratito más para verte entrar y huevear entre los tuyos. La mochila te quedaba enorme sobre tu espaldita, eras petizo y tenías noventa millones de rulos perfectamente amoldados sobre tu cabeza. Mamá te peinaba con raya al costado para disimularlos, pero nada menos disimulable que un niño color mota con pelo lacio achatado.
De pronto estoy preparándome para ir a tu fiesta de egresado del secundario. De pronto creciste. Y es raro cómo funciona el tema de la “hermandad”… ese amor incondicional por personas que, si uno se pone a pensar, no ve tan seguido como a algunos amigos, novios, chongos, lo que sea. Pero los hermanos están siempre. Y en esos momentos tan importantes de la vida, o tan intrascendentes, por qué no, queremos abrazar a un hermano. Nos enorgullecen los logros de los hermanos como no lo hacen los de los amigos, nos inflan el pecho. Sufrimos a través de sus heridas y reímos con sus triunfos y primeras borracheras.
Aprovecho entonces este momento importante. Lo hago mío porque te vi crecer, hacerte la persona que sos, con tus fallas, tus ataques de histeria, tu frenética canalización de estrés golpeando tu cabeza contra la pared. Hago mío este momento porque lo merezco luego de que arruinaste casi la totalidad de mis muñecas pintándoles los ojos con fibra roja simulándoles sangre. De más está decir todo lo que te quiero, pero igual lo hago. Y te felicito, hermano. Te felicito por haber crecido.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

clap clap clap clap clap!!!!

impresionante... se me piantó un lagrimón acá, y se reflotó el hecho no haber tenido un hermano menor, tenìa una mayor còmo vos!
me voy al psicólogo
en serio, buenissimo

Diego dl fcb

Anónimo dijo...

HERMOSO!!
L

Anónimo dijo...

También mordía.
Yo tenía las piernas llenas de moretones violeta enmarcados por hileras de incipienes dientes de futuro"Enano Chupahembras".
Y vomitaba mucho.
Predominantemente en color VERDE.Lo apodábamos "HULK".
Y le tenía terror al cuco y a las tormentas.
Si habré recorrido el pasillo que dividía los dormitorios para calmarlo!!
Pero anoche, en su fiesta de egresado, creo haber recibido debida recompensa a tanto aguante.
Recibió el DIPLOMA AL MAS POLLERA.
Algo bien habremos hecho vos y yo para que les dé cabida a las mujeres con respeto..
No hay de qué, futuras novias de mi hijo!
Disfrútenlo..que yo ya lo padecí bastante!! Ja ja
TKM KAKO!

Anónimo dijo...

Yo fui la mascota 10 años menor de mi hermano, hasta el 3º pelotazo que recibi de sus amigos porque me dejaba sentada al lado de la cancha...entonces vino la "separacion" por todos los años hasta que "fui grande" (creci, como vos decis) y recupere de nuevo esa hermosa hermandad...ahora tiene su niña, mi sol, y no puedo creerlo como la siento casi mia...

Leonardo Ferri dijo...

Si yo hubiera nacido mujer, me habrían puesto Paola, a pedido de mi hermana. Con ese nombre no podría haber sido otra cosa que una trola.
El destino me puso a salvo.

celeste dijo...

Soy hija única, me hiciste llorar y llorar con ganas como cuando cumplí 17 y me di cuenta que a esa altura era imposible seguir esperando un hermanito. Más tarde quisieron consolarme con eso de los amigos, hermanos del alma y bla, pero no hubo caso. Tampoco ver hermanos que se llevan para el orto o se ignoran que da miedo me consoló.
Ahora leyéndote confirmo lo que ya sospechaba: hay algo profundo que me he perdido.
Hermoso relato!
Pero... el nombre correcto no era BERNARDO? ... digo por los ratones...
Saludos!