Ya sea en Martínez, en Munro, Caballito o la bella Capital Federal, cuando una persona se acerca a su ambiente laboral en el que tendrá que pasar las 6 o 9 horas siguientes de su vida, sin opción de escapar salvo que el vomito le chorree por la raja de la cachufla o tenga los ojos pegados de la conjuntivitis que le contagió el chino de en frente, lo único que esta persona quiere y necesita para declarar su felicidad o resignación es tomar un puto café.
Cuando la máquina de café no tiene su preciado polvo mágico adentro o, uno no tiene monedas para comprarlo, todo se vuelve negro y tedioso. Si por el contrario, el cafecito está en todo su esplendor, se vive su calor en la boca y su sabor en la lengua con una peculiar felicidad que dura lo que dure el vasito sin enfriarse.
Clave es el momento en que la mezcla del demonio que forma al capuchino o al cortado o al peligroso mocachino llega al estómago. Varios pequeños estruendos se producen creando contracciones como si uno hubiera comido una bocanada de grasa de paloma con mayonesa y acto seguido a los 3 minutos de reloj…. Ganas de cagar.
No estoy hablando de ganas de cagar como las que uno tiene después de darse una comilona de tarta de verdura, sino de las ganas después de un Mc Donald`s o después de una paella bien cargada de caracolitos y conchas de mar saladas y jugosas. En ese momento en que uno corre al baño rezàndole a los 4 Fantásticos y a Vìctor Sueiro que ningún jefe esté meando o ninguna persona esté en el pasillo cerca de la puerta o peinándose frente al espejo sin un carajo que hacer porque uno lo único que desea con toda su alma (no “fuerza” porque en este caso sería delicado), es llegar, bajarse la bombacha más rápido que para coger en un ascensor y arrojar pedos suculentos y estruendosos cargados de cafecito recién procesado.
Días atrás descubrí que la puerta de baño de la empresa donde soy una empleada estable desde hace más de un mes, es demasiado delgada y nunca llega a cerrarse. Lástima darme cuenta ahora después de haber pasado 25 días cagando con público. Ahora siento que todo quien me mira sabe si tuve diarrea esta mañana o no.
La diarrea es un tema complicado. El café suele provocar en muchos mortales una descarga líquida cada 2 horas que complica el hecho de la hidratación porque nunca se llega a comer todo lo que con ímpetu y dedicación se caga y más complica aún el estar sentado las horas restantes o el viaje en el 60 parado de cantos abiertos.
Pienso, pienso y lo único que quisiera es un silenciador de ojete, algo como un embudo que absorba el sonido y lo transforme en canto de gaviotas. Eso quisiera, y un pez que flote en el inodoro y coma lo que uno caga al instante en caso del mal funcionamiento de la conchuda cadena. Luego de esto, la evolución de la Argentina sería cuestión de meses.
Buen fin de semana.
viernes, abril 13, 2007
martes, abril 10, 2007
La bolsa tomada
- No entiendo el olor a mierda que hay en la cocina Lucas, te juro. No lo entiendo.
- Es la basura, hoy la sacamos.
Tres dìas màs tarde. Las tres bolsas de residuo gordas, negras, babosas y repletas de mosquitas de humedad cuya funciòn adherente no comprendo, aùn aguardan en el pasillo a ser reconocidas como una "molestia".
- Che boludo, hoy saquemos la basura, ya no se puede entrar a la cocina...
(Nòtese que yo por mis propios medios no puedo iniciar la acciòn limpiadora, necesito apoyo moral)
- Hoy la sacamos, Memo.
Pasò la Pascua, los huevos, el paro del Lunes, el leve trànsito de la Panamericana y las hemorroides de un murcièlago bipolar. Las bolsas seguìan en la cocina.
- A ver si el desodorante que comprè hace algo: Pfffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff - (olor a jazmìn que solo se mantuvo estable sin entremezclarse con la muerte alojada en la basura por 7 segundos de los cuales 3 fueron mientras apretaba el pomo) - No puede ser. Algo muerto tiene que haber por algùn lado.
La expediciòn nos llevò al hallazgo de una montañita verde de mierda de gato que copulaba en un rincòn con cientos de especies gestàndose a su alrededor. Horas màs tarde, luego de removerla, el olor seguìa, cada vez màs penetrante.
- Debe estar el gato que cagò muerto atràs de la heladera
- Ay Lucas dejate de joder, no me digas eso...
No estaba.
Frustrada e indignada me sentè con un trapo y el desodorante en mano y ahì vì lo peor. El piso estaba repleto, parecìan pijitas independientes en una orgìa de Pulgarcito: gusanos de la pudredumbre. Blancos, crujientes, resbalosos.... mal paridos.
Las 4 suelas de las zapatillas, las improvisadas aplasta - gusanos armadas con cartòn no alcanzaban para combatirlos. La lavandina mezclada con Pinolux parecìa hacerlos resurgir como esas pìldoras que de chicos tenìamos, esas que eran de esponja y al ponerles ìquido formaban animales deformes, pero cuya apariciòn producìa un efecto màgico cual sexo con Cacho Castaña.
Cansados de pisotear tripas blancas y asqueados de tanta villerez que no iba a dejarnos comer fideos por un mes (aunque esa noche comimos fideos), nos dimos cuenta de otra realidad. Los gusanos no resurgìan, caìan.
Detràs de unas bolsas sobre la mancha de las larvas habìa otra bolsa. Apestaba. Realmente, apestaba. Vimos còmo de ella caìan esas mini pijas por un agujero creado a fuerza de mordiditas, còmo rebotaban y se regocijaban de haber sido descubiertos en su hogar. Llena de ellos. Repleta.
Tiramos la bolsa. Sacamos la basura.
NUNCA MÀS.
- Es la basura, hoy la sacamos.
Tres dìas màs tarde. Las tres bolsas de residuo gordas, negras, babosas y repletas de mosquitas de humedad cuya funciòn adherente no comprendo, aùn aguardan en el pasillo a ser reconocidas como una "molestia".
- Che boludo, hoy saquemos la basura, ya no se puede entrar a la cocina...
(Nòtese que yo por mis propios medios no puedo iniciar la acciòn limpiadora, necesito apoyo moral)
- Hoy la sacamos, Memo.
Pasò la Pascua, los huevos, el paro del Lunes, el leve trànsito de la Panamericana y las hemorroides de un murcièlago bipolar. Las bolsas seguìan en la cocina.
- A ver si el desodorante que comprè hace algo: Pfffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff - (olor a jazmìn que solo se mantuvo estable sin entremezclarse con la muerte alojada en la basura por 7 segundos de los cuales 3 fueron mientras apretaba el pomo) - No puede ser. Algo muerto tiene que haber por algùn lado.
La expediciòn nos llevò al hallazgo de una montañita verde de mierda de gato que copulaba en un rincòn con cientos de especies gestàndose a su alrededor. Horas màs tarde, luego de removerla, el olor seguìa, cada vez màs penetrante.
- Debe estar el gato que cagò muerto atràs de la heladera
- Ay Lucas dejate de joder, no me digas eso...
No estaba.
Frustrada e indignada me sentè con un trapo y el desodorante en mano y ahì vì lo peor. El piso estaba repleto, parecìan pijitas independientes en una orgìa de Pulgarcito: gusanos de la pudredumbre. Blancos, crujientes, resbalosos.... mal paridos.
Las 4 suelas de las zapatillas, las improvisadas aplasta - gusanos armadas con cartòn no alcanzaban para combatirlos. La lavandina mezclada con Pinolux parecìa hacerlos resurgir como esas pìldoras que de chicos tenìamos, esas que eran de esponja y al ponerles ìquido formaban animales deformes, pero cuya apariciòn producìa un efecto màgico cual sexo con Cacho Castaña.
Cansados de pisotear tripas blancas y asqueados de tanta villerez que no iba a dejarnos comer fideos por un mes (aunque esa noche comimos fideos), nos dimos cuenta de otra realidad. Los gusanos no resurgìan, caìan.
Detràs de unas bolsas sobre la mancha de las larvas habìa otra bolsa. Apestaba. Realmente, apestaba. Vimos còmo de ella caìan esas mini pijas por un agujero creado a fuerza de mordiditas, còmo rebotaban y se regocijaban de haber sido descubiertos en su hogar. Llena de ellos. Repleta.
Tiramos la bolsa. Sacamos la basura.
NUNCA MÀS.
miércoles, abril 04, 2007
Amor brasilero
Del agujero del ojete me asoma un cronòmetro con sus titilantes luces pixeladas. Por la mañana me levanto lo màs tarde que puedo, por este motivo es que nada debe demorar, nada puede tomar màs de 20 minutos en suceder hasta que a las 6.50 es hora de partir hacia el subte de Facultad de Medicina. Usualmente me atacan las ansias de tomar Sprite como desayuno, pero la simple demora en el kiosco, con el kiosquero, el vuelto, la pajita, el primer trago… demoro. No puedo darme ese lujo.
Para la vuelta es muy similar. Si bien mi horario de salida depende del de mi ingreso (si entro a las 8 me voy a las 17, si entro a las 9 me voy a las 18), la desesperación por llegar a casa a cagar y tomar jugo suelen ser dominantes en mi espìritu. Ayer, lunes para la mayorìa, salì 17.58 del trabajo porque el 60 que pasa por Panamericana pasa a las 18.12 y como tengo que caminar 7 cuadras porongosas hasta mi destino, debo tener algunos minutos de ventaja. Tomè mi colectivo y me sentè a esperar a que Cabildo llegara al 2900 para asì descender, correr entre los demàs pasajeros que tambièn descendieron y subir con el chivo conchal a flor de piel al ùltimo vagòn del subte posado en Congreso de Tucumán. Generalmente suelo ser afectada por la violencia de las puertas de èste medio, lo que me convierte en objeto de gracia entre los forros que ya con sus culos depositados, observan la odisea que una debe pasar para sentarse lo màs cerca de la puerta que pueda para evitar tocar bolas sudadas de desconocidos luego de una extenuante jornada laboral.
Los conocedores del viaje sabemos que hay un gordo con tetas talle 95, ciego, con pezones de paty, que se sienta bien al fondo y cuando el subte arranca, se para mágicamente y pide dinero para comer, el cual es puesto en su mano luego de tocarle el brazo y esperar a que èl voltee en su caminata a lo largo del vagòn. Es shockeante realmente que un gordo de ese tamaño afirme que hace tiempo que no come. La sensación de los bondadosos que le extienden dinero es: Nunca va a saciarse, nunca.
Apenas me habìa sentado sonò el timbre que anuncia que desde ese momento los que quieran ingresar al vagòn pueden ser aplastados por las puertas y morir sepultados bajo la escalera mecànica sin que nadie lo sepa jamàs.
Momento clave, segundos nos separan de comenzar el recorrido. Suben dos personas y se paran delante mìo. La dama se ve morena, no de Dock Sud, morena de otro paìs, de otro mundo. El caballero, de traje, miope y con una bolsa de cartòn de un tamaño casi impresionante. Prontamente la dama esboza unas palabras en el oìdo del caballero. Sus palabras suenan brasileras. Ahora entiendo todo. El sueño del argentino: hacerle el totò a una limítrofe. Debe ser placentero como si a mì me dijeran que puedo hacerle un enema por el pito a un chileno. Sin dudarlo, cuando guste.
Por alguna razòn que desconozco, el argentino conjugaba todas las palabras en –iño y –esha, lo cual me provocò una ternura que desapareciò cuando la brazuca de mochila sobre los pechos le manoteò el ganso sin disimulo, sin preámbulos y sin compasión por mi mirada que no podìa evitar la minuciosa observación de la escena.
Mientras las caricias peneanas avanzaban, el señor de traje y bolsa comentaba còmo habìa sido su dìa y lo rico que habìa estado su sándwich de jamòn crudo y queso por 4 pesos con 50, como si nada significara lo que estaba sucediendo, como si estuviera acariciando una prótesis pijera de las que venden al final de la VIVA.
Al ver la nula reacción del miope, la extranjera se agachò a levantar un papel del PRO que viajaba pegado al piso y aprovechò la ocasión para mostrarle lo duro que tenìa el orto y lo bien que se acoplaba por sobre el pantalón con las bolas flàcidas (no tengo dudas) del señor, que, ya para esta altura, levantaba caniches con la pija.
Este acto de pornografía casera motivò al hombre a pedirle a la amiga personal de Ronaldo que levantara cada cosa que habìa en el piso para seguir aprovechando las ocasiones. Asì ella levantò varios boletos, un botòn marròn y hasta cosas imperceptibles para la vista del miope y de cualquier ser humano, pero que facilitaban el frote culial.
Con arcadas y un poco de agua chorreándome hasta las rodillas llegué a Facultad de Medicina. La brasilera tomò mi asiento. Anoche soñè con ella. Que viva el miope, su bolsa y su conocimiento culinario.
Para la vuelta es muy similar. Si bien mi horario de salida depende del de mi ingreso (si entro a las 8 me voy a las 17, si entro a las 9 me voy a las 18), la desesperación por llegar a casa a cagar y tomar jugo suelen ser dominantes en mi espìritu. Ayer, lunes para la mayorìa, salì 17.58 del trabajo porque el 60 que pasa por Panamericana pasa a las 18.12 y como tengo que caminar 7 cuadras porongosas hasta mi destino, debo tener algunos minutos de ventaja. Tomè mi colectivo y me sentè a esperar a que Cabildo llegara al 2900 para asì descender, correr entre los demàs pasajeros que tambièn descendieron y subir con el chivo conchal a flor de piel al ùltimo vagòn del subte posado en Congreso de Tucumán. Generalmente suelo ser afectada por la violencia de las puertas de èste medio, lo que me convierte en objeto de gracia entre los forros que ya con sus culos depositados, observan la odisea que una debe pasar para sentarse lo màs cerca de la puerta que pueda para evitar tocar bolas sudadas de desconocidos luego de una extenuante jornada laboral.
Los conocedores del viaje sabemos que hay un gordo con tetas talle 95, ciego, con pezones de paty, que se sienta bien al fondo y cuando el subte arranca, se para mágicamente y pide dinero para comer, el cual es puesto en su mano luego de tocarle el brazo y esperar a que èl voltee en su caminata a lo largo del vagòn. Es shockeante realmente que un gordo de ese tamaño afirme que hace tiempo que no come. La sensación de los bondadosos que le extienden dinero es: Nunca va a saciarse, nunca.
Apenas me habìa sentado sonò el timbre que anuncia que desde ese momento los que quieran ingresar al vagòn pueden ser aplastados por las puertas y morir sepultados bajo la escalera mecànica sin que nadie lo sepa jamàs.
Momento clave, segundos nos separan de comenzar el recorrido. Suben dos personas y se paran delante mìo. La dama se ve morena, no de Dock Sud, morena de otro paìs, de otro mundo. El caballero, de traje, miope y con una bolsa de cartòn de un tamaño casi impresionante. Prontamente la dama esboza unas palabras en el oìdo del caballero. Sus palabras suenan brasileras. Ahora entiendo todo. El sueño del argentino: hacerle el totò a una limítrofe. Debe ser placentero como si a mì me dijeran que puedo hacerle un enema por el pito a un chileno. Sin dudarlo, cuando guste.
Por alguna razòn que desconozco, el argentino conjugaba todas las palabras en –iño y –esha, lo cual me provocò una ternura que desapareciò cuando la brazuca de mochila sobre los pechos le manoteò el ganso sin disimulo, sin preámbulos y sin compasión por mi mirada que no podìa evitar la minuciosa observación de la escena.
Mientras las caricias peneanas avanzaban, el señor de traje y bolsa comentaba còmo habìa sido su dìa y lo rico que habìa estado su sándwich de jamòn crudo y queso por 4 pesos con 50, como si nada significara lo que estaba sucediendo, como si estuviera acariciando una prótesis pijera de las que venden al final de la VIVA.
Al ver la nula reacción del miope, la extranjera se agachò a levantar un papel del PRO que viajaba pegado al piso y aprovechò la ocasión para mostrarle lo duro que tenìa el orto y lo bien que se acoplaba por sobre el pantalón con las bolas flàcidas (no tengo dudas) del señor, que, ya para esta altura, levantaba caniches con la pija.
Este acto de pornografía casera motivò al hombre a pedirle a la amiga personal de Ronaldo que levantara cada cosa que habìa en el piso para seguir aprovechando las ocasiones. Asì ella levantò varios boletos, un botòn marròn y hasta cosas imperceptibles para la vista del miope y de cualquier ser humano, pero que facilitaban el frote culial.
Con arcadas y un poco de agua chorreándome hasta las rodillas llegué a Facultad de Medicina. La brasilera tomò mi asiento. Anoche soñè con ella. Que viva el miope, su bolsa y su conocimiento culinario.
martes, abril 03, 2007
Enrosques Post Feriado
Intentando superar el shock de ver morir a Maradona a través de los medios digitales me recibió el martes de esta semana corta y llena de pescado caro. Es interesante cómo en estas fechas las mujeres dejan de bañarse aunque estén indispuestas, para así conmemorar el día en que los huevos y el chocolate hacen una mezcla infernal, perfecta para untarse el clítoris y balancearse en una hamaca con hormigas rojas (cada día una nueva palabra con HACHE entra en mi vida).
Nos imaginamos la Pascua y realmente, más allá de los feriados, no veo a ningún candidato a Jefe de Gobierno regalando huevos vestido de liebre vespertina, por eso, al ver la brecha, me envío de una patada en el ojete al medio de Florida y Lavalle a repartir Kinder Sorpresa con una zanahoria entre las tetas. Si con esto no rejunto el resto de los votos de quienes aún no adhirieron a mi propuesta, realmente no sé qué más hacer.
Este primer fin de semana largo de Abril pintó la 9 de Julio. Siempre contamos en Buenos Aires con rècords mundiales vitales para la existencia, esta vez somos poseedores absolutos de la fotografía digital màis grande du mundo. Cuánta emoción, se me moja la entrepierna. Ni bien el cartel vio la luz, ya habían más de 50 criaturas de la Virgen del Orégano intentando sacar una foto panorámica con los celulares de la nueva tecnología, esos que les falta chupar pezones y cocinar locro para ser completamente humanos.
Caminé por Falabella, el paraíso de los adinerados, me ofrecieron tarjetas de crédito de la tienda, ¡qué maravilloso! Es como un micromundo lleno de pelotudeces que media ciudad compró iguales o en distinto color, lo que me haría sentir mejor.
Redescubrí la calle Florida. Esta vez las bandas de ska tienen un lugar central entre medio de la basura arrojada por los extranjeros que no sé por qué razón se violentan con nuestros empleados de Burger King que solo comprenden el Guaraní y un idioma muy similar al castellano, solo que con cruza entre paraguayo y desganado que odia la vida, su trabajo y su familia en un día no laborable.
Encontré magos maravillosos parados en medio de la calle engañando brasileras, mientras pequeños ladrones de bolsillos simulan menear al ritmo de la música cuando en realidad están violándole el bolsillo a los desprevenidos.
Poco falta para votar mis queridos porteños. Macri promete seguridad y más subtes, Telerman promete no poner su cara nunca más en un afiche, el hippie de Filmus asegura descuentos en los peines finos y yo… yo les prometo una Buenos Aires rebozante de bichos bolitas, sin polillas y con baños públicos para masturbarse, así reduciremos las violaciones y volveremos a darle a los bichos casi extintos el lugar que se merecen en nuestro país: ¡NO TE ENROSQUES BOLITA!.
Nos imaginamos la Pascua y realmente, más allá de los feriados, no veo a ningún candidato a Jefe de Gobierno regalando huevos vestido de liebre vespertina, por eso, al ver la brecha, me envío de una patada en el ojete al medio de Florida y Lavalle a repartir Kinder Sorpresa con una zanahoria entre las tetas. Si con esto no rejunto el resto de los votos de quienes aún no adhirieron a mi propuesta, realmente no sé qué más hacer.
Este primer fin de semana largo de Abril pintó la 9 de Julio. Siempre contamos en Buenos Aires con rècords mundiales vitales para la existencia, esta vez somos poseedores absolutos de la fotografía digital màis grande du mundo. Cuánta emoción, se me moja la entrepierna. Ni bien el cartel vio la luz, ya habían más de 50 criaturas de la Virgen del Orégano intentando sacar una foto panorámica con los celulares de la nueva tecnología, esos que les falta chupar pezones y cocinar locro para ser completamente humanos.
Caminé por Falabella, el paraíso de los adinerados, me ofrecieron tarjetas de crédito de la tienda, ¡qué maravilloso! Es como un micromundo lleno de pelotudeces que media ciudad compró iguales o en distinto color, lo que me haría sentir mejor.
Redescubrí la calle Florida. Esta vez las bandas de ska tienen un lugar central entre medio de la basura arrojada por los extranjeros que no sé por qué razón se violentan con nuestros empleados de Burger King que solo comprenden el Guaraní y un idioma muy similar al castellano, solo que con cruza entre paraguayo y desganado que odia la vida, su trabajo y su familia en un día no laborable.
Encontré magos maravillosos parados en medio de la calle engañando brasileras, mientras pequeños ladrones de bolsillos simulan menear al ritmo de la música cuando en realidad están violándole el bolsillo a los desprevenidos.
Poco falta para votar mis queridos porteños. Macri promete seguridad y más subtes, Telerman promete no poner su cara nunca más en un afiche, el hippie de Filmus asegura descuentos en los peines finos y yo… yo les prometo una Buenos Aires rebozante de bichos bolitas, sin polillas y con baños públicos para masturbarse, así reduciremos las violaciones y volveremos a darle a los bichos casi extintos el lugar que se merecen en nuestro país: ¡NO TE ENROSQUES BOLITA!.
viernes, marzo 30, 2007
Apoyame
¿Qué es lo que hay que hacer para ser Jefe de Gobierno? En esta época en que Buenos Aires se tiñe de caras de ñoños que sienten que la pelada les queda fantástica como los bigotes a Guillermo Fracella y se pasean delante de fondos de carteles verdes, rojos, sin darse cuenta que no solo son desagradables para la vista, sino que en ningún modo ayuda a que mi voto los favorezca, los apoye, ni los penetre.
Tenemos al bostero de Macri también proponiéndole a la ciudad el milagro de no tener más basura, ni más pobreza, subtes cada 90 segundos dignos de Los Supersònicos o Los Super Ratones y menos travestis en Once. La única razón por la que se me ocurriría votarlo es porque dice lo que quiero escuchar, eso implica que conoce bien a las mujeres.
Tenemos a varios desconocidos en carteles que afirman que tal o cual “piensa lo que vos pensàs”, lo que me resulta ofensivo y hasta paranoico, digno de un capítulo de los X Men llenos de gente mutante, viejos locos y pelados cara de concha.
Filmus merece un tè verde con sacarina. La cara de hippie que mantiene vivo a su espíritu sesentoso no me deja otra alternativa que observarlo detenidamente y pensar: ¿Tendrá olor a bolas?
Yo quiero ser Jefa de Gobierno. Prometo castigar vilmente a cualquiera que se atreva a cagarse en el 60 un día de frío, lluvia y ventanas cerradas, juro sobre mis dedos gordos que los menùes de Mc Donald`s serán entregados gratuitamente por un elefante africano en Plaza Italia todos los miércoles.
De ser electa, mi propuesta tendrá un tren volador que mostrarà damas en tetas pintadas de amarillo patito a toda hora por los cielos y las peluquerías tendrán computadoras 3D para poder visualizar tu corte antes de hacerlo, evitando asì dìas de infelicidad comparables al síndrome pre menstrual.
La crema para rulos de Sedal será adquirida como un medicamento indispensable y necesario para cualquier mujer que padezca el pelo cual concha de burrito bebé y se abolirá la humedad, así como las semanas donde haya un feriado serán declaradas no laborables. Sí, leyó bien. Semanas NO laborables, pero pagas... por Jebùs.
Con mi mandato llegará el fin de los partidos de domingo y el inicio de una nueva etapa de romanticismo, sexo desenfrenado y olor a jazmín en los trenes en lugar de a conejo mojado en vinagre.
Si llego a ser Jefa de Gobierno, el tampón será reemplazado por hisopos inteligentes y habrá un bidet en cada plaza pública, para que lavarnos el orto sea un derecho constitucional.
Las jornadas laborales serán siempre de 6 horas, indiscutiblemente y los salarios aumentarán $70 por bimestre, así mantendremos a los porteños felices, sobornados y sin huelgas que afecten al tràfico de los que vuelven de Martìnez.
La lucha contra el Paco seguirá existiendo… usaremos otro perfume con menos olor a muerto.
A los violadores se les cortará la garompa, a los ladrones se les cortarán los omóplatos y a los asesinos se les injertará el puño cerrado de Sofovich por el ano cerradito.
Ésta es mí propuesta… ¿cuento con su apoyo?
Tenemos al bostero de Macri también proponiéndole a la ciudad el milagro de no tener más basura, ni más pobreza, subtes cada 90 segundos dignos de Los Supersònicos o Los Super Ratones y menos travestis en Once. La única razón por la que se me ocurriría votarlo es porque dice lo que quiero escuchar, eso implica que conoce bien a las mujeres.
Tenemos a varios desconocidos en carteles que afirman que tal o cual “piensa lo que vos pensàs”, lo que me resulta ofensivo y hasta paranoico, digno de un capítulo de los X Men llenos de gente mutante, viejos locos y pelados cara de concha.
Filmus merece un tè verde con sacarina. La cara de hippie que mantiene vivo a su espíritu sesentoso no me deja otra alternativa que observarlo detenidamente y pensar: ¿Tendrá olor a bolas?
Yo quiero ser Jefa de Gobierno. Prometo castigar vilmente a cualquiera que se atreva a cagarse en el 60 un día de frío, lluvia y ventanas cerradas, juro sobre mis dedos gordos que los menùes de Mc Donald`s serán entregados gratuitamente por un elefante africano en Plaza Italia todos los miércoles.
De ser electa, mi propuesta tendrá un tren volador que mostrarà damas en tetas pintadas de amarillo patito a toda hora por los cielos y las peluquerías tendrán computadoras 3D para poder visualizar tu corte antes de hacerlo, evitando asì dìas de infelicidad comparables al síndrome pre menstrual.
La crema para rulos de Sedal será adquirida como un medicamento indispensable y necesario para cualquier mujer que padezca el pelo cual concha de burrito bebé y se abolirá la humedad, así como las semanas donde haya un feriado serán declaradas no laborables. Sí, leyó bien. Semanas NO laborables, pero pagas... por Jebùs.
Con mi mandato llegará el fin de los partidos de domingo y el inicio de una nueva etapa de romanticismo, sexo desenfrenado y olor a jazmín en los trenes en lugar de a conejo mojado en vinagre.
Si llego a ser Jefa de Gobierno, el tampón será reemplazado por hisopos inteligentes y habrá un bidet en cada plaza pública, para que lavarnos el orto sea un derecho constitucional.
Las jornadas laborales serán siempre de 6 horas, indiscutiblemente y los salarios aumentarán $70 por bimestre, así mantendremos a los porteños felices, sobornados y sin huelgas que afecten al tràfico de los que vuelven de Martìnez.
La lucha contra el Paco seguirá existiendo… usaremos otro perfume con menos olor a muerto.
A los violadores se les cortará la garompa, a los ladrones se les cortarán los omóplatos y a los asesinos se les injertará el puño cerrado de Sofovich por el ano cerradito.
Ésta es mí propuesta… ¿cuento con su apoyo?
lunes, marzo 26, 2007
Del cielo con amor
Calor, mucho calor.
Suena una voz de la ultratumba:
"Les comunicamos a los señores pasajeros que el servicio de la Lìnea D se encuentra momentaneamente DEMORADO"
Las miradas entre pasajeros se mostraron frìas y un tanto claustrofòbicas cuando las puertas del subte se cerraron, la bebida comenzò a escasear y los minutos pasaban. El pensamiento inicial era el de aguardar a que la poronga tiesa se dignara a volver a su funcionamiento, tal como se habìa anunciado segundos antes. Cuando la cerrada espera superò la media hora, algo dentro de alguien hizo un ruido sin llegar a ser un gas y demandò que algùn responsable se hiciera cargo de la situaciòn.
"Les comunicamos a los señores pasajeros que el servicio de la Lìnea D se encuentra momentàneamente INTERRUMPIDO"
Quiero manifesar mi compasiòn por la familia del chofer del subte y del Director General de Metrovìas, a quienes no solo les zumbaron las orejas, las bolas y se les dilataron las pupilas, sino que les recordaron el odio a sus conchas maternas y abuelìsticas de forma ininterrumpida a lo largo de 20 minutos.
"Los pasajeros que asì lo deseen, podràn reclamar el dinero de sus boletos en boleterìa, presentando el ticket que medio subte tirò y la otra mitad se metiò en el medio de los cantos del orto pensando que jamàs iba a necesitarlo"
Claro, sencillo tema, total, solo somos 250 mil personas arriba del subte del horror las que tenemos que reclamar. O sea que si ahora son la 19:05 de la tarde, calculale que me devolveràn mis $0.70 a eso de las 3 de la mañana, cuando ya tenga las tetas aceitadas de tanto esperar. No, gracias. Prefiero que me caguen los centavos y que Jebùs castigue al locutor.
En la estaciòn Aguero, el mar de personas chivadas saliò a la superficie cual lava en Volcano, cada uno sacò su Guìa T y definiò còmo llegar a su destino. Toquetiè mi bolsillo y la cruda verdad se hizo presente: En mi bolsillo vivìa la nada. Cero pesos. Cero centavos.
El mapa mostraba que para llegar a mi hogar, la distancia era de aproximadamente 28 cuadras. tenìa calor corporal, indignaciòn hacia las viejas y los niños recièn salidos de la escuela. Era como la bruja de Blancanieves, pero con màs frizz y en lugar de un espejo, tenìa una mochila pesada dispuesta a partirle la cabeza a cualquiera que impidiera a mis pies movilizarse con normalidad por Figueroa Alcorta.
Empecè a caminar. Una, dos, tres cuadras, cinco cuadras, basta. Venìa del trabajo, venìa del 60, de caminar mil cuadras hasta Panamericana para subirme y estar parada como las tetas de Claudia Ciardone... basta, no more walking.
Me parè en una esquina como una prostituta conocedora del oficio, esperè por un taxi, pero no cualquier taxi, sino por uno que estuviera dispuesto a llevarme gratis, sabiendo que no poseìa ni un cobre en una muela y que si querìa su dinero iba a tener que esperar en la puerta de mi casa hasta que yo subiera, agarrara y bajara a llevàrsela, corriendo el riesgo de nunca volver y convertirse en la leyenda urbada de "el taxista que esperò por siempre hasta convertirse en asesino de deudores y estudiantes de Periodismo".
Dos taxis no quisieron jugar, hasta que llegò un señor catòlico que para ser aceptado en el cielo me subiò, me consolò y me dejò llorar mis penas subterràneas mientras èl me ponìa como ejemplo de la juventud argentina.
Lleguè a casa, estacionò en la puerta, subì, bajè, paguè y el dìa ya habìa caducado. La noche caìa sobre Buenos Aires, la humedad me forzò a bañarme y la bombacha sudada fue el souvenir que quedò marcado en el asiento catòlico, esperando algùn otro culo que se le siente encima, lellore al conductor y disfrute de Buenos Aires, del subte y sus trenes maravillosos.
Suena una voz de la ultratumba:
"Les comunicamos a los señores pasajeros que el servicio de la Lìnea D se encuentra momentaneamente DEMORADO"
Las miradas entre pasajeros se mostraron frìas y un tanto claustrofòbicas cuando las puertas del subte se cerraron, la bebida comenzò a escasear y los minutos pasaban. El pensamiento inicial era el de aguardar a que la poronga tiesa se dignara a volver a su funcionamiento, tal como se habìa anunciado segundos antes. Cuando la cerrada espera superò la media hora, algo dentro de alguien hizo un ruido sin llegar a ser un gas y demandò que algùn responsable se hiciera cargo de la situaciòn.
"Les comunicamos a los señores pasajeros que el servicio de la Lìnea D se encuentra momentàneamente INTERRUMPIDO"
Quiero manifesar mi compasiòn por la familia del chofer del subte y del Director General de Metrovìas, a quienes no solo les zumbaron las orejas, las bolas y se les dilataron las pupilas, sino que les recordaron el odio a sus conchas maternas y abuelìsticas de forma ininterrumpida a lo largo de 20 minutos.
"Los pasajeros que asì lo deseen, podràn reclamar el dinero de sus boletos en boleterìa, presentando el ticket que medio subte tirò y la otra mitad se metiò en el medio de los cantos del orto pensando que jamàs iba a necesitarlo"
Claro, sencillo tema, total, solo somos 250 mil personas arriba del subte del horror las que tenemos que reclamar. O sea que si ahora son la 19:05 de la tarde, calculale que me devolveràn mis $0.70 a eso de las 3 de la mañana, cuando ya tenga las tetas aceitadas de tanto esperar. No, gracias. Prefiero que me caguen los centavos y que Jebùs castigue al locutor.
En la estaciòn Aguero, el mar de personas chivadas saliò a la superficie cual lava en Volcano, cada uno sacò su Guìa T y definiò còmo llegar a su destino. Toquetiè mi bolsillo y la cruda verdad se hizo presente: En mi bolsillo vivìa la nada. Cero pesos. Cero centavos.
El mapa mostraba que para llegar a mi hogar, la distancia era de aproximadamente 28 cuadras. tenìa calor corporal, indignaciòn hacia las viejas y los niños recièn salidos de la escuela. Era como la bruja de Blancanieves, pero con màs frizz y en lugar de un espejo, tenìa una mochila pesada dispuesta a partirle la cabeza a cualquiera que impidiera a mis pies movilizarse con normalidad por Figueroa Alcorta.
Empecè a caminar. Una, dos, tres cuadras, cinco cuadras, basta. Venìa del trabajo, venìa del 60, de caminar mil cuadras hasta Panamericana para subirme y estar parada como las tetas de Claudia Ciardone... basta, no more walking.
Me parè en una esquina como una prostituta conocedora del oficio, esperè por un taxi, pero no cualquier taxi, sino por uno que estuviera dispuesto a llevarme gratis, sabiendo que no poseìa ni un cobre en una muela y que si querìa su dinero iba a tener que esperar en la puerta de mi casa hasta que yo subiera, agarrara y bajara a llevàrsela, corriendo el riesgo de nunca volver y convertirse en la leyenda urbada de "el taxista que esperò por siempre hasta convertirse en asesino de deudores y estudiantes de Periodismo".
Dos taxis no quisieron jugar, hasta que llegò un señor catòlico que para ser aceptado en el cielo me subiò, me consolò y me dejò llorar mis penas subterràneas mientras èl me ponìa como ejemplo de la juventud argentina.
Lleguè a casa, estacionò en la puerta, subì, bajè, paguè y el dìa ya habìa caducado. La noche caìa sobre Buenos Aires, la humedad me forzò a bañarme y la bombacha sudada fue el souvenir que quedò marcado en el asiento catòlico, esperando algùn otro culo que se le siente encima, lellore al conductor y disfrute de Buenos Aires, del subte y sus trenes maravillosos.
lunes, marzo 19, 2007
"Lunes con audio"
Una mañana plena de lunes le da la bienvenida a los porteños y a los viajantes. Una mezcla de calor con viento que causa diarrea si saliste desayunado, hacen aùn màs fàcil el comienzo de las actividades diarias, como las de los macumberos, seres deplorables y con olor a pollo que sin importarles el sentido comùn, cortan una gallina en pedazos y la guardan dentro de una caja de cartòn para que el afortunado y prontamente infeliz dueño de la esquina donde yace el bàrtulo se cague limpiando con vinagre toda la vereda con temor a morir de una maldiciòn budista.
Pocos dìas atràs descubrì el modo de lograr un viaje mejor predispuesta. Descubrì la forma de sonreir mientras camino por la calle cuando aùn es de noche para meterme en el subte e ir a trabajar. Este modo es el MP3. Gracias a este aparatejo que compila decenas de temas musicales suficientes para cambiarle el humor a Ghandi, cabe hasta entre medio de las tetas y en el tracto rectal si alguien intenta asaltarme.
Meses atràs la prioridad en mi vida era el discman, ¡Què gran aparato!, cuànta eficiencia. Las pilas, con una duraciòn no mayor a 3 horas y media, avisaban el momento previo a la caducaciòn alargando las voces de los CDs, hacièndolos sonar desde el màs allà en el momento clave en que uno piensa: "¿Es el disco o soy yo?". Y ahì està el pobre forro intentando dejar de escuchar el mismo CD 4 veces en la misma mañana. Tiene la mochila llena de cajitas de compactos e intenta de manera parabòlica, cambiar de parado el disco de adentro del discman, ponerlo en la cajita correcta sin rayarlo y sin tirarlo, (es original, viò?) y sin que el catinga que tengo parado al lado vea dònde lo estoy metiendo para màs tarde intentar robàrmelo.
El del MP3 sin embargo, se pasea casi con un aire altanero que hace sufrir a mucha gente, no solo a los portadores de CDs sino tambièn a otra generaciòn creada por Sprite, AIWA, vendedores de trenes y el barrio de Once: La Generaciòn Walkman.
Lo interesante de los portadores activos de esta reliquia, es el momento en que buscan una frecuencia perfecta mediante la ubicaciòn estratègica de su dedo ìndice en el orto y la antena apuntando a algùn lugar especial, sea el cielo o las bolas sudadas de un viejo llamado Osmar. El furor de estos aparatejos fue cuando Sprite alaborò una colecciòn cuyo lema era: "Es chiquito, pero vale 2 tapitas... què màs querìas hijo de una cabra?", la respuesta al lema simplemente serìa: Queremos que funcione màs de una tarde. Error. Jamàs sucederìa, ni por los siglos de los siglos, ni Amèn.
Entre las 3 generaciones podemos marcar un dato no menor, un hecho que puede llevar a la tragedia al humor mañanero. El Walkman lleva cassete, por ende, queda excluìdo de la comparaciòn, pero el Discman es el eje central. Cuando uno tiene el reproductor de CDs preparado para un viaje tiene dos opciones: llevarlo cual bandeja sobre la mano, como un anzuelo para ser arrebatado y su propietario terminar ahorcado o sin orejas, o, meterlo en la mochila sobre alguna campera o buzo, de manera que no se mueva ni suspire, que quede trancado para evitar finalmente que el disco rebote. Molestia molesta si las hay cuando el disco rebota, salta, se mueve, titila y no solo enerva las vajinas sino que implica una indignaciòn que matarìa cucarachas sin veneno.
Por eso y solo por eso, yo elijo el MP3, mi tecnologìa de confianza. Usted, ¿què va a elegir?
Pocos dìas atràs descubrì el modo de lograr un viaje mejor predispuesta. Descubrì la forma de sonreir mientras camino por la calle cuando aùn es de noche para meterme en el subte e ir a trabajar. Este modo es el MP3. Gracias a este aparatejo que compila decenas de temas musicales suficientes para cambiarle el humor a Ghandi, cabe hasta entre medio de las tetas y en el tracto rectal si alguien intenta asaltarme.
Meses atràs la prioridad en mi vida era el discman, ¡Què gran aparato!, cuànta eficiencia. Las pilas, con una duraciòn no mayor a 3 horas y media, avisaban el momento previo a la caducaciòn alargando las voces de los CDs, hacièndolos sonar desde el màs allà en el momento clave en que uno piensa: "¿Es el disco o soy yo?". Y ahì està el pobre forro intentando dejar de escuchar el mismo CD 4 veces en la misma mañana. Tiene la mochila llena de cajitas de compactos e intenta de manera parabòlica, cambiar de parado el disco de adentro del discman, ponerlo en la cajita correcta sin rayarlo y sin tirarlo, (es original, viò?) y sin que el catinga que tengo parado al lado vea dònde lo estoy metiendo para màs tarde intentar robàrmelo.
El del MP3 sin embargo, se pasea casi con un aire altanero que hace sufrir a mucha gente, no solo a los portadores de CDs sino tambièn a otra generaciòn creada por Sprite, AIWA, vendedores de trenes y el barrio de Once: La Generaciòn Walkman.
Lo interesante de los portadores activos de esta reliquia, es el momento en que buscan una frecuencia perfecta mediante la ubicaciòn estratègica de su dedo ìndice en el orto y la antena apuntando a algùn lugar especial, sea el cielo o las bolas sudadas de un viejo llamado Osmar. El furor de estos aparatejos fue cuando Sprite alaborò una colecciòn cuyo lema era: "Es chiquito, pero vale 2 tapitas... què màs querìas hijo de una cabra?", la respuesta al lema simplemente serìa: Queremos que funcione màs de una tarde. Error. Jamàs sucederìa, ni por los siglos de los siglos, ni Amèn.
Entre las 3 generaciones podemos marcar un dato no menor, un hecho que puede llevar a la tragedia al humor mañanero. El Walkman lleva cassete, por ende, queda excluìdo de la comparaciòn, pero el Discman es el eje central. Cuando uno tiene el reproductor de CDs preparado para un viaje tiene dos opciones: llevarlo cual bandeja sobre la mano, como un anzuelo para ser arrebatado y su propietario terminar ahorcado o sin orejas, o, meterlo en la mochila sobre alguna campera o buzo, de manera que no se mueva ni suspire, que quede trancado para evitar finalmente que el disco rebote. Molestia molesta si las hay cuando el disco rebota, salta, se mueve, titila y no solo enerva las vajinas sino que implica una indignaciòn que matarìa cucarachas sin veneno.
Por eso y solo por eso, yo elijo el MP3, mi tecnologìa de confianza. Usted, ¿què va a elegir?
jueves, marzo 15, 2007
"Mañanitas porteñas"
Dìas de lluvia, de nuevos momentos, de momentos cursi, de nuevos horizonetes, de campos y ciudades, de llantos vespertinos, de bolas infladas, de cansancio, de aureolas de chivo abajo de los cachetes del culo y de sudor tetal.
Buenos Aires me mostrò otros vientos campestres. Quien sigue este espacio desde hace un tiempo, bien sabrà que mi cuna materna es quilmeña y que los viajes en el 22 del sur hacia la capital me afectaron psicològicamente al punto de babear cataratas de saliva calentita de madrugada y vomitar en mochilas ajenas sin siquiera pedir permiso. "No hay que cantar victoria", dijo el destino y acto seguido, el muy hijo de prostitutas del Mar Ìndigo me consiguiò un trabajo en Martìnez.
Interesante por demàs es el viaje al fin del mundo, màs interesante es que haya un Unicenter en medio de la zona desèrtica donde los patos sobrevuelan los aires y cagan charcos de mierda que todos ven como algo naturalmente eròtico.
Semanas de adaptaciòn y bùsqueda de alternativas de transporte. Pensè en aviones, en combis, en comprar un auto... o dos, en vivir en el tren, en acampar bajo la Panamericana viviendo de la penetraciòn anal de los transehùntes, pero no. Nada de eso solucionò mi problema: Siempre tardo 1 hora y 15 en llegar a casa, haga lo que haga.
Optè entonces por una combinaciòn de medios en la que tengo la sensaciòn de tardar menos: Camino 4 cuadras con un petardo entre las tetas hasta el subte Linea D de Facultad de Medicina, bajo en Congreso de Tucumàn y me tomo el 60, colectivo veloz cual oveja obesa adicta a Mc Donalds. Lo curioso es el nombre de la parada en la que me bajo, creo que su nombre me sirve de catarsis, creo que es un mensaje de Jebùs que me dice que tengo razòn, que sì, es lejos... es.... "El Fondo de la Legua". De solo tocar el timbre para bajar ya se te frunce el ojete y el Supradyn de vitaminas de colores que tomaste a la mañana para sentirte poderosa ya quiere salir, pero por la vìa incorrecta.
Hoy fue un dìa especial. Me levantè chivada, me bañè y una sensaciòn màs allà de los gases me invadìa. Lleguè al subte y habìa demora. Me sentè a esperar mientras un caballero de pelada brillosa se quejaba con el diariero por la cantidad de gente que habìa en el andèn, se ve que al señor no le gustaba que le tocaran el pitito muchas jòvenes universitarias. Llegò el subte. Una estaciòn, otra estaciòn.... Olleros.
Repentinamente la luz se cortò interrumpiendo mi lectura facultativa. El miedo invadiò al vagòn, las viejas lloraban y pedìan a Santo Zapallo Relleno que abriera las puertas. Una vieja de uñas de pies largas como las de los perros bebès, solo que en los perros se ve tierno y en la vieja plenamente vomitivo, sucio y puntapiè a sentir el impulso de arrrancàrselas con los dientes, de a poco, degustàndolas, ponièndolas entre los dientes para sacarme la basura de comida como un escarbadientes humano.
Al salir de Olleros caì en la cuenta de que el 60 no pasaba por ahì, que debìa caminar hasta Juramento y justo en ese instante... comenzò a llover, definitivamente un rinoceronte de 6 porongas grandes como el enano muerto que iba se Susana me estaba meando desde temprano.
Caminè y caminè, me subì al bendito 60 y una hija de puta se puso a leer mi propio libro y tenìa el tupè de preguntarme cosas que no podìa comprender, por imbècil o extranjera. Mi ùnica pregunta hacia ella era còmo hacìa para caber en el asiento del colectivo con el culo paranormal escondido en una pollera blanca que traslucìa hasta los rastritos de mierda de la bombacha de ayer.
Sin màs ni menos lleguè a Fondo de la Legua, bajè feliz y arrivè al trabajo para dar por concluìda la mañana de este puto jueves.
Que viva la vida.
Buenos Aires me mostrò otros vientos campestres. Quien sigue este espacio desde hace un tiempo, bien sabrà que mi cuna materna es quilmeña y que los viajes en el 22 del sur hacia la capital me afectaron psicològicamente al punto de babear cataratas de saliva calentita de madrugada y vomitar en mochilas ajenas sin siquiera pedir permiso. "No hay que cantar victoria", dijo el destino y acto seguido, el muy hijo de prostitutas del Mar Ìndigo me consiguiò un trabajo en Martìnez.
Interesante por demàs es el viaje al fin del mundo, màs interesante es que haya un Unicenter en medio de la zona desèrtica donde los patos sobrevuelan los aires y cagan charcos de mierda que todos ven como algo naturalmente eròtico.
Semanas de adaptaciòn y bùsqueda de alternativas de transporte. Pensè en aviones, en combis, en comprar un auto... o dos, en vivir en el tren, en acampar bajo la Panamericana viviendo de la penetraciòn anal de los transehùntes, pero no. Nada de eso solucionò mi problema: Siempre tardo 1 hora y 15 en llegar a casa, haga lo que haga.
Optè entonces por una combinaciòn de medios en la que tengo la sensaciòn de tardar menos: Camino 4 cuadras con un petardo entre las tetas hasta el subte Linea D de Facultad de Medicina, bajo en Congreso de Tucumàn y me tomo el 60, colectivo veloz cual oveja obesa adicta a Mc Donalds. Lo curioso es el nombre de la parada en la que me bajo, creo que su nombre me sirve de catarsis, creo que es un mensaje de Jebùs que me dice que tengo razòn, que sì, es lejos... es.... "El Fondo de la Legua". De solo tocar el timbre para bajar ya se te frunce el ojete y el Supradyn de vitaminas de colores que tomaste a la mañana para sentirte poderosa ya quiere salir, pero por la vìa incorrecta.
Hoy fue un dìa especial. Me levantè chivada, me bañè y una sensaciòn màs allà de los gases me invadìa. Lleguè al subte y habìa demora. Me sentè a esperar mientras un caballero de pelada brillosa se quejaba con el diariero por la cantidad de gente que habìa en el andèn, se ve que al señor no le gustaba que le tocaran el pitito muchas jòvenes universitarias. Llegò el subte. Una estaciòn, otra estaciòn.... Olleros.
Repentinamente la luz se cortò interrumpiendo mi lectura facultativa. El miedo invadiò al vagòn, las viejas lloraban y pedìan a Santo Zapallo Relleno que abriera las puertas. Una vieja de uñas de pies largas como las de los perros bebès, solo que en los perros se ve tierno y en la vieja plenamente vomitivo, sucio y puntapiè a sentir el impulso de arrrancàrselas con los dientes, de a poco, degustàndolas, ponièndolas entre los dientes para sacarme la basura de comida como un escarbadientes humano.
Al salir de Olleros caì en la cuenta de que el 60 no pasaba por ahì, que debìa caminar hasta Juramento y justo en ese instante... comenzò a llover, definitivamente un rinoceronte de 6 porongas grandes como el enano muerto que iba se Susana me estaba meando desde temprano.
Caminè y caminè, me subì al bendito 60 y una hija de puta se puso a leer mi propio libro y tenìa el tupè de preguntarme cosas que no podìa comprender, por imbècil o extranjera. Mi ùnica pregunta hacia ella era còmo hacìa para caber en el asiento del colectivo con el culo paranormal escondido en una pollera blanca que traslucìa hasta los rastritos de mierda de la bombacha de ayer.
Sin màs ni menos lleguè a Fondo de la Legua, bajè feliz y arrivè al trabajo para dar por concluìda la mañana de este puto jueves.
Que viva la vida.
jueves, marzo 08, 2007
POR ABAJO
Y por el mundo vamos las miles de millones de mujeres fértiles y frígidas, esperando que algún macho nos emperne o nos regale una delicada flor para recordarnos hoy más que nunca como nos encanta que nos sobornen.
Damos vuelta bajo la lluvia siempre teniendo en claro que, como dice Sedal, hay Divas por toda la ciudad con los pelos rojos furiosos y el frizz que nos deforma los rulos y el maquillaje y le da un toque a la ropa elegida de cada día, un toque de frescura, de cosa erótica, de laverrap de chinos famélicos.
Hace días, caminando por la ciudad encontré un subsuelo conector de líneas de subtes que se posa casi escondido sobre Carlos Pellegrini. Las ganas de un pronto regreso a casa me empujaron por las lúgubres escaleras y casi por error, caí en una galería comercial desconocida como la Matriz.
Decenas de puestitos de temáticas intrascendentes como un “arregladordejuguetesdelañodelpedo”, una dama que vende carteras plenamente desagradables, pero que pintan de olor a cuero una zona que de otro modo olería a pedo de vieja comedora compulsiva de porotos en aceite y ajo, y más adentrados en la jungla bizarra, un local especial…
Fondo de paredes azules como el mar de Santa Teresita, un banco que a primera vista me pareció muy alto para una persona de estatura promedio, pero lo deje pasar, no sea cosa que me deschave como petiza y encima quede como el culo. En fin, un banco muy alto, largo, con varios espacios para varios culos de varios paseantes y muchos elementos útiles para ejercer la profesión de “lustra zapatos, botas, porongas animadas de personajes ilustres de Bolivia”. Hasta aquí, solo era gente que lustraba, pero que aun no había visto en plena actividad, en su más bello trabajar, hasta que de pronto, una cortina celeste, a tono con el color de las paredes, se abrió de par en par y de ahí salieron no uno, no dos, sino tres enanos lustradores.
Cuando digo enanos no me refiero a bichos verdes que uno ve al final de su vida, ni hablo de los entes a los que se culpa por la pérdida o desaparición de objetos que alguien tiró y no tiene los huevos para confesarlo. Hablo de gente enana, personas con un tamaño mas bajo que el promedio (la palabra del mes: promedio) y que de una manera evidentemente premeditada llegan PARADOS a lustrar los pies calzados de los seres que necesitan una franeleada con un liquido marrón sin que se les pare el pitito.
El shock eléctrico en la cachufla fue impresionante. Lejos de calentarme, los enanos trabajando me devolvieron a mi infancia con Blanca nieves, la bruja y el leñador, que no se bien por que apareció en mi recuerdo, será alguna fantasía de hombre peludo, sudado y con madera que desde pequeña aun sigue colándoseme en el corpiño.
Pero esto es solo un condimento, lo importante de este día es que la mujer recibirá flores, o chocolates o cualquier cosa que le garantice sexo o tocadita de bolas a las parejas estables. Felicito a las damas en su día, aprovechen a indisponerse que si hoy manchan la sabana nadie va a gritarles, sino que usarán el flujo escupido como loción facial o salsa para ñoquis.
Cierro con una frase que adquirí de mis conocimientos en un nuevo emprendimiento laboral: “El hombre es malo, pero la mujer es perversa”.
Feliz día mujeres
Damos vuelta bajo la lluvia siempre teniendo en claro que, como dice Sedal, hay Divas por toda la ciudad con los pelos rojos furiosos y el frizz que nos deforma los rulos y el maquillaje y le da un toque a la ropa elegida de cada día, un toque de frescura, de cosa erótica, de laverrap de chinos famélicos.
Hace días, caminando por la ciudad encontré un subsuelo conector de líneas de subtes que se posa casi escondido sobre Carlos Pellegrini. Las ganas de un pronto regreso a casa me empujaron por las lúgubres escaleras y casi por error, caí en una galería comercial desconocida como la Matriz.
Decenas de puestitos de temáticas intrascendentes como un “arregladordejuguetesdelañodelpedo”, una dama que vende carteras plenamente desagradables, pero que pintan de olor a cuero una zona que de otro modo olería a pedo de vieja comedora compulsiva de porotos en aceite y ajo, y más adentrados en la jungla bizarra, un local especial…
Fondo de paredes azules como el mar de Santa Teresita, un banco que a primera vista me pareció muy alto para una persona de estatura promedio, pero lo deje pasar, no sea cosa que me deschave como petiza y encima quede como el culo. En fin, un banco muy alto, largo, con varios espacios para varios culos de varios paseantes y muchos elementos útiles para ejercer la profesión de “lustra zapatos, botas, porongas animadas de personajes ilustres de Bolivia”. Hasta aquí, solo era gente que lustraba, pero que aun no había visto en plena actividad, en su más bello trabajar, hasta que de pronto, una cortina celeste, a tono con el color de las paredes, se abrió de par en par y de ahí salieron no uno, no dos, sino tres enanos lustradores.
Cuando digo enanos no me refiero a bichos verdes que uno ve al final de su vida, ni hablo de los entes a los que se culpa por la pérdida o desaparición de objetos que alguien tiró y no tiene los huevos para confesarlo. Hablo de gente enana, personas con un tamaño mas bajo que el promedio (la palabra del mes: promedio) y que de una manera evidentemente premeditada llegan PARADOS a lustrar los pies calzados de los seres que necesitan una franeleada con un liquido marrón sin que se les pare el pitito.
El shock eléctrico en la cachufla fue impresionante. Lejos de calentarme, los enanos trabajando me devolvieron a mi infancia con Blanca nieves, la bruja y el leñador, que no se bien por que apareció en mi recuerdo, será alguna fantasía de hombre peludo, sudado y con madera que desde pequeña aun sigue colándoseme en el corpiño.
Pero esto es solo un condimento, lo importante de este día es que la mujer recibirá flores, o chocolates o cualquier cosa que le garantice sexo o tocadita de bolas a las parejas estables. Felicito a las damas en su día, aprovechen a indisponerse que si hoy manchan la sabana nadie va a gritarles, sino que usarán el flujo escupido como loción facial o salsa para ñoquis.
Cierro con una frase que adquirí de mis conocimientos en un nuevo emprendimiento laboral: “El hombre es malo, pero la mujer es perversa”.
Feliz día mujeres
jueves, marzo 01, 2007
Pamela y Yo
Era una mañana como todas en ciudad Gótica hasta que un sorpresivo anuncio me dejó con cara de muñeca infalable y el alma destruída…
- Mel, mirá que me voy a comprar la Playboy de Pamela David
- ¿Y desde cuándo te gusta Pamela David?
- Ay, Mel, tiene las mejores tetas de Argentina…
Ofensa 1: Una tiene más que claro el hecho de no tener las ubres suaves y sedosas como calendario de papel vegetal de esta mujer, pero un novio tiene el deber y la responsabilidad de no recordarle a su pareja estable con la que convive, las trágicas realidades y así debe ocultar esos detalles que solo entornan la puerta de un futuro conflicto.
Como cada tarde al volver de trabajar, aquél día de Marzo del 2006 me dirigí al inodoro para ir de cuerpo (realmente mi Tío Charly está interesado en recibir cualquier teoría sobre el significado de esta expresión usada para cagar) y, como todos los mortales, necesitaba algo para leer, como si de esto dependiera la mejor liberación de mi tracto rectal. Agarré una revista que estaba dada vuelta y… ahí estaba ella. Mirándome desde una cama con acolchado rosa, acostada con sus piernas hacia arriba para que todos puedan apreciar sus atributos (como si hasta hoy nadie los hubiera notado)… Pamela David. Nombre de travesti si los hay. Pamela David estaba en mi baño viéndome cagar.
- Lucas, vos compraste la Playboy de la puta esa? - (taquicardia y voz entrecortada por la ira retenida en un pezón)
- Te dije que la iba a comprar…
- (Inicio de la crisis de nervios) - NOoOoO! Habíamos quedado que no porque a mi me hace mal tener esa revista en el baño!!!
- Ay Mel, dejate de joder… No entiendo qué carajo de molesta
Paso a explicar. Agitar el mono, exprimir el capuchón, zarandear el pirulo son cosas que realmente no me afectan. Dicen que la masturbación libera el estrés, bienvenida sea entonces. Tampoco es que me encantaría ver a la población manoseándose la entrepierna en el 124, pero cada uno es libre de descargar cuando le sea necesario, me adhiero y hasta colaboro de ser posible, pero el problema se extiende más allá de esto. El problema es la nacionalidad. Si la mujer con la que MI hombre está estimulándose es de otro país y se encuentra a más de un país de distancia al momento de la toqueteada, me es realmente indiferente y hasta estimulante, pero si la dama en cuestión es de mi misma nacionalidad, habla igual a mí y puede ser mi competencia directa si un día la vemos por la calle, ya todo se va a la mierda, me indigno y me sale humo de la cachufla.
- ¿En serio por eso te molesta? ¿Querés que la tire?
- (Decir que sí seria TAN fácil) No, ya la compraste a la yegua esa, la odio, te juro que la odio.
- La tiro, total ya la ví
- O sea que ya te tocaste… NO ME HABLES MAAAAAAAAAS
La ola de silencio duró un día entero. La revista de Pamela aún me mira desde el baño junto a varias más, pero todas extranjeras.
- Mel, mirá que me voy a comprar la Playboy de Pamela David
- ¿Y desde cuándo te gusta Pamela David?
- Ay, Mel, tiene las mejores tetas de Argentina…
Ofensa 1: Una tiene más que claro el hecho de no tener las ubres suaves y sedosas como calendario de papel vegetal de esta mujer, pero un novio tiene el deber y la responsabilidad de no recordarle a su pareja estable con la que convive, las trágicas realidades y así debe ocultar esos detalles que solo entornan la puerta de un futuro conflicto.
Como cada tarde al volver de trabajar, aquél día de Marzo del 2006 me dirigí al inodoro para ir de cuerpo (realmente mi Tío Charly está interesado en recibir cualquier teoría sobre el significado de esta expresión usada para cagar) y, como todos los mortales, necesitaba algo para leer, como si de esto dependiera la mejor liberación de mi tracto rectal. Agarré una revista que estaba dada vuelta y… ahí estaba ella. Mirándome desde una cama con acolchado rosa, acostada con sus piernas hacia arriba para que todos puedan apreciar sus atributos (como si hasta hoy nadie los hubiera notado)… Pamela David. Nombre de travesti si los hay. Pamela David estaba en mi baño viéndome cagar.
- Lucas, vos compraste la Playboy de la puta esa? - (taquicardia y voz entrecortada por la ira retenida en un pezón)
- Te dije que la iba a comprar…
- (Inicio de la crisis de nervios) - NOoOoO! Habíamos quedado que no porque a mi me hace mal tener esa revista en el baño!!!
- Ay Mel, dejate de joder… No entiendo qué carajo de molesta
Paso a explicar. Agitar el mono, exprimir el capuchón, zarandear el pirulo son cosas que realmente no me afectan. Dicen que la masturbación libera el estrés, bienvenida sea entonces. Tampoco es que me encantaría ver a la población manoseándose la entrepierna en el 124, pero cada uno es libre de descargar cuando le sea necesario, me adhiero y hasta colaboro de ser posible, pero el problema se extiende más allá de esto. El problema es la nacionalidad. Si la mujer con la que MI hombre está estimulándose es de otro país y se encuentra a más de un país de distancia al momento de la toqueteada, me es realmente indiferente y hasta estimulante, pero si la dama en cuestión es de mi misma nacionalidad, habla igual a mí y puede ser mi competencia directa si un día la vemos por la calle, ya todo se va a la mierda, me indigno y me sale humo de la cachufla.
- ¿En serio por eso te molesta? ¿Querés que la tire?
- (Decir que sí seria TAN fácil) No, ya la compraste a la yegua esa, la odio, te juro que la odio.
- La tiro, total ya la ví
- O sea que ya te tocaste… NO ME HABLES MAAAAAAAAAS
La ola de silencio duró un día entero. La revista de Pamela aún me mira desde el baño junto a varias más, pero todas extranjeras.
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